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viernes, 17 de noviembre de 2023

LOS POBRES EL MEJOR TALENTO PARA NO ENTERRAR LA VIDA



Hace unos meses, el Ministerio de Igualdad presentó una aplicación informática para repartir de forma corresponsable las tareas domésticas y de cuidados, y que no se dé por hecho que ha de ser un miembro de la familia el que siempre realice determinados trabajos. Aunque esta palabra no es nueva, el concepto de corresponsabilidad va tomando fuerza en muchos ámbitos, también en la Iglesia. De hecho, uno de los temas prioritarios del Sínodo Universal, que se clausuró el pasado 29 de Octubre fue la «corresponsabilidad en la misión». Muchos miembros de la Iglesia dan por hecho que la misión tienen que realizarla solo algunos miembros de la Iglesia. 

Además de dar por hecho que son otros los que tienen que realizar la misión evangelizadora, cuando se nos propone que participemos de algún modo solemos poner excusas, porque creemos no ser capaces y que nos va a caer encima un trabajo enorme que va a ser una carga. Por eso Jesús nos ha mostrado lo que significa la corresponsabilidad, con la parábola de los talentos: Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y les dejó a cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, cada cual según su capacidad”.

Jesús nos enseña que quien nos pide ser corresponsables en la misión no es el cura u otra persona de la Iglesia: es Dios quien nos lo pide porque quiere contar con nosotros y porque además confía en nosotros. Nos enseña que en la misión no estamos solos: Dios llama también a otros miembros de la comunidad parroquial a la misión común.

Dios no nos pide imposibles: Dios reparte los talentos a cada cual según su capacidad y no hay unas tareas más importantes que las otras. Los talentos abarcan lo  espiritual y lo material (relaciones, habilidades). Cada uno tenemos unos talentos y por ello la corresponsabilidad abarca todas las facetas de la vida.

Cuando damos por echo que la misión es cosa de otros y no asumimos nuestra responsabilidad, estamos actuando como el tercer siervo, que sintió miedo y escondió su talento bajo tierra y se lleva una reprimenda porque no hemos respondido a la confianza de Dios. Como los dos primeros siervos, tenemos que negociar nuestros talentos.

A lo largo del tiempo hemos identificado nuestra religión como creencias y prácticas para protegernos contra Dios. Esa tipo de religión solo produce miedo y Dios es un Padre al que no debemos tenerle miedo. Por eso Jesús imagina a sus seguidores como creyentes audaces dispuestos a correr riesgos y superar dificultades que son muchas.

El tercer siervo es condenado, no por hacer algo malo, sino por enterrar los talentos que se le han confiado. Quien solo busca cuidar su vida, protegerla y defenderla, la echa a perder. Quien no sigue las aspiraciones más nobles de su corazón por miedo a fracasar, ya está fracasando. Quien no toma iniciativa para no equivocarse, ya está equivocado. Quien solo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido.

Jesús es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de temer es a vivir siempre con miedo y sin arriesgarnos, con temor a salirnos de lo correcto (a veces en nuestras comunidades damos lecciones equivocadas de lo que los demás tienen que hacer).

Hoy más que nunca tenemos que negociar con nuestros talentos en la VII jornada mundial del pobre (“no apartes tu rostro de ningún pobre” (Tob 4,7). Ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro de Jesús; los pobres necesitan con mayor urgencia nuesta humanidad, nuestro corazón abierto al amor. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarle nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella esa Cristo: cada vez que lo hicieron con uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicieron conmigo.

Si enterramos el talento, estamos enterrando la vida, la nuestra, la de los demás y en especial este fin de semana, la de los pobres.


Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 16 de julio de 2021

UNA MADRE QUE NUNCA ABANDONA A SU HIJO MARINERO

 


El mes de julio, no solamente es de vacaciones, sino que el calendario, quizás no de forma caprichosa, también nos recuerda y nos toca la fibra y piel sensible de quien nos ampara, protege, cuida, mima, vela solícita y siempre está a nuestro lado, como es nuestra madre María. No es la festividad de este domingo, pero sí me apetece compartir mi reflexión hacia esa gente que creemos que puede ser sencilla, pero que de eso no tiene nada. 

Tengo un conocido que estuvo más de veinte años embarcado en un barco que hacía la ruta de la Península hacia Holanda y los países nórdicos. Comentando con él, su trabajo, sus anhelos, su "vida novelesca en algunos casos de que en cada puerto tienen un amor", su vida a bordo.... él me comentaba que lejos de lo rosa que nos puedan pintar la vida de un marinero, es una vida que apasiona, que sensibiliza ausencias, que hace valorar aquello que no tenemos cerca, que hace madurar a los que con edad temprana comienzan la aventura del trabajo.

Pero hubo algo que me dejó grabado en la infinidad de conversaciones que teníamos siempre que nos veíamos: el profundo sentido religioso del marinero. Quizás no sea tanto de profesar una religiosidad práctica, cuanto de un sentimiento profundo que a su Virgen del Carmen no hay quien se la toque; una Virgen a la que acuden en los momentos de fragilidad y de debilidad;  una Virgen a la que acuden en los momentos de soledad (que son muchos) y de tristeza; una Virgen a la que llevan siempre en su corazón y que se desviven por ella y a la que le cantan, Salve , Estrella de los Mares.

Y es que María, como cualquier madre, está donde y cuando tiene que estar. Acompaña en el silencio, en el anonimato y en segundo plano a sus hijos para que se den cuenta que la vida es de ellos y que tenemos que aprender a caminar solos en un mundo que se me antoja que no es nada fácil. Pero una madre no deja de velar para que a sus hijos no les pase nada y que en el caso de que así sea, que sepan que siempre estará ella para reconfortarnos en los momentos de mayor dificultad.

Ser marinero no es fácil. Quizás como cualquier otra profesión, pero es que esta lleva añadido la soledad, la distancia, el alejamiento,... y es cuando más se echa en falta aquello que quieres y necesitas. Es como los polluelos que cuando la gallina extiende sus alas, ellos se meten debajo al amparo y protección de su madre.

El evangelio de este fin de semana nos va a hablar de la mirada de Jesús. Hemos de aprender, nosotros, en la Iglesia, en nuestra querida Iglesia, a mirar a la gente como la miraba Jesús, sean o no marineros. Mirarlos y captar el sufrimiento, la soledad, el desconcierto, el abandono... La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta, lo mismo que hizo María, cuando miramos atentamente a los que sufren. Y el marinero, a veces, es uno de ellos.

Un día tendremos que revisar ante Jesús, cómo miramos y tratamos a esas muchedumbres que se nos están marchando poco a poco de nuestras Iglesias, porque quizás ya no le digan nada nuestros discursos, comunicados y declaraciones. Personas sencillas a las que estamos decepcionando porque ya no ven en nosotros la compasión de Jesús. María, desde su silencio, nunca abandona a sus hijos. Nosotros, a veces, abandonamos aquello que más apreciamos y queremos.

Ojala que la Virgen del Carmen, nos ayude a todos.

 

Hasta la próxima

Paco Mira



viernes, 25 de junio de 2021

CONSEJO PASTORAL DIOCESANO: SINODALIDAD

CONSEJO PASTORAL DIOCESANO: SINODALIDAD

 

Pues ya llevábamos tiempo sin él. Como sabemos todos, el Consejo Pastoral Diocesano es el mayor órgano consultivo que tiene el Obispo en una Diócesis. Es un órgano de apoyo y corresponsabilidad en la función y en la tarea que pastorear que tiene el Obispo. ¡Cuánto lo echábamos en falta!. Y yo lo echaba en falta, porque ahora, más que nunca, se trata de remar todos juntos en la misma dirección, de buscar alternativas a las tempestades de la vida, de salir juntos de las dificultades que la pandemia nos ha ocasionado y que probablemente con el paso del tiempo hasta seguro que le damos las gracias. No gracias por las desgracias, gracias por abrirnos los ojos. 

Este fin de semana muchos vamos a tener ilusión y esperanza en que las cosas tienen que seguir funcionando, y las que dejaron de hacerlo si sirven y son buenas, pues hay que reactivarlas. Cruzarnos de brazos no tiene sentido en una sociedad y en un mundo en el que la rapidez es la norma básica de funcionamiento y el que no se apunte a ello no volverá a subir al tren de la vida. La Iglesia tiene que estar en ese tren;  la Iglesia Diocesana tiene que tener el impulso necesario para no quedar a remolque de los acontecimientos y como decía el Concilio, dar respuesta a los signos de los tiempos y ¡vaya si ahora hay signos y tiempos!

Se nos pregunta en el Consejo Pastoral Diocesano, ¿qué proyectos y acciones pastorales proponemos?. Me gusta la pregunta, porque la respuesta tiene que ser de todos y para todos, no de uno para los demás. Me gusta la pregunta porque entre todos caminamos juntos, vamos haciendo camino al andar, y ojala que tengamos la valentía - cuando corresponda - de cruzar a la otra orilla para encontrarnos con los que más nos necesitan, sabiendo que para ellos somos el testimonio vivo de un tal Jesús de Nazaret.

El Consejo tiene que ser la expresión viva de la Sinodalidad. El próximo año se celebrará un Sínodo sobre ella. Y esa palabreja que parece tan complicada es la que vamos a realizar en el Consejo: caminar juntos. Es lo que quiere el Papa para su querida, nuestra querida Iglesia; es lo que intuyo que quiere D. José para su querida, nuestra querida Iglesia Diocesana de Canarias.

Ninguno que los que vayamos al consejo entiendo que hablamos en nombre propio. Cuando Pedro se levantaba en medio de la asamblea, decía tened a bien seguro que no hablo en nombre propio; nosotros hemos de hablar en nombre de todas y cada una de nuestras comunidades, de nuestros movimientos, de los secretariados, del pueblo llano y sencillo.

Un pueblo llano y sencillo que en muchos de los casos ve con incertidumbre e incluso con temor el vaciamiento de nuestras comunidades. ¡Qué curioso que el evangelio de este fin de semana, nos habla del acercamiento de los alejados!: un centurión, una mujer con sus problemas y dificultades.... en definitiva los problemas y dificultades de la vida misma.

Pablo, en su carta a la comunidad de Corinto, habla de la generosidad de Jesucristo. Cuando acabe el Consejo, seamos generosos e informemos con entusiasmo y alegría de aquello que queremos para nosotros mismos. Propongamos, pero con los pies en el suelo. No abarquemos aquello que no podamos dar del todo. Vayamos, como algún entrenador de fútbol manifiesta, pasito a pasito, no a largo plazo. ¿Se acuerdan del Sínodo de 1992?. Muchas de sus páginas, llenas de polvo, están esperando con la ilusión de entonces, a llevarse a la práctica.

Quiero hacer un guiño a nuestros abuelos. También tenemos que tener sinodalidad con ellos: caminar juntos, achucharlos, mimarlos... no sintamos lo que pudimos hacer por y con ellos y no hicimos. Ya hablaremos de ellos. Gracias, abuelos

Hasta la próxima

Paco Mira



viernes, 16 de abril de 2021

PERO, ¡ NO TE VEO!

Si hay cosa complicada en la fe, es poder dar a entender la resurrección. Mi abuela, que en paz descanse, decía que cuando ella muriese la cambiaran de ropa y le pusieran una ropa, si no nueva, al menos limpia: ¡ no iba a presentarse ante el " jefe " de cualquier manera!. Y la forma de pensar de mi abuela no era excesivamente descabellada en relación a lo que actualmente podemos seguir pensando. Seguro que entendemos cualquier otro pasaje del evangelio, lo explicamos con razonamientos lógicos, buscamos las fuentes y les damos la vuelta, pero lo que es la resurrección, como que nos cuesta.

¡ Qué más quisiéramos que ser como Tomás!. El domingo pasado se llevó el premio, porque tocó y creyó; con miedo porque tenían las puertas cerradas, pero al final tuvo lo que esperaba, tuvo recompensa a la insistencia. Para él la resurrección fue como para muchos de nosotros que si no vemos o no tocamos no creemos. Pero claro, ¿hoy, a dónde tenemos que ir que estén con las puertas cerradas, con miedo, que nos digan que lo vieron, que uno sea capaz de discrepar y no creer?.

Creo que lo primero que tenemos que pensar es que Jesús sigue apareciéndose y sigue diciéndonos, "paz a ustedes". Lo primero que tenemos que hacer para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros y hacer circular en nuestros grupos, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo. Nosotros tenemos que ser los primeros en creer que nuestro amigo Jesús no es un fantasma que vio Tomás. No es un figurante de ópera - como quizás en algún tiempo dimos a entender -, sino que se una persona viva que nos acompaña de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

A veces pensamos que es como el mago que saca el conejo de la chistera. Creer y tener fe es proceso largo, a veces tedioso, a veces con ganas de arrojar la toalla, a veces con ganas de bajarse de esta maravillosa aventura... pero que en la insistencia está el premio y no hay mayor alegría que el reconocer en nuestra vida, al que , por amor, entrega su vida para que nosotros la tengamos.

Hoy Jesús sigue poniéndose en medio de nosotros como lo hizo con los discípulos. Hoy Jesús nos sigue diciendo que la paz estén con todos y cada uno de nosotros. Hoy Jesús también, como a Tomás, nos pide que toquemos sus heridas. Heridas de hombres que viven la tristeza de la soledad; Heridas de hombres y mujeres que viven la desesperación de la inmigración con la casi certeza de que nosotros no les abrimos las puertas porque tenemos miedo; Heridas de hombres y mujeres que son maltratados por las mafias explotadoras que sin escrúpulos se aprovechan de tiempos inciertos; Heridas de hombres y mujeres que no pueden llegar a fin de mes por la mala gestión económica de unos pocos; Heridas de hombres y mujeres que en la soledad de la habitación de un hospital o de una residencia o de su casa... no tienen con quién compartir la alegría de la Pascua.

Hoy, probablemente, seguimos preguntándonos que no le vemos, que dónde está el resucitado, que dónde queda la alegría de un sábado en el que hemos cantado aleluya. Y él nos sigue diciendo, Paz a ustedes y lo hace en medio de nosotros. Pero ¿por qué estamos tan ciegos?, No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Amigos, estamos en la Pascua, en la alegría de la Pascua, de Jesús resucitado. Abramos los ojos y seguro que no tendremos que preocuparnos de cómo será, sino que ya es y está en medio de nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 9 de abril de 2021

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Alguien dijo que el miedo era libre. Y el miedo es algo que no se puede medir, como el dolor. " ¡No tienes que tener miedo!, ¿por qué no?". Se lo decimos a nuestros hijos, a los mayores, y sobre todo cuando nosotros no tenemos que pasar por ningún trance que suponga una prueba de valentía. Ahora que está tan de moda las vacunas, somos los primeros que decimos que no hay que tener miedo, pero ¿quién dijo miedo?. Muchos de los que dicen esto, no se vacunan. También hubo quien dijo que los cementerios estaban llenos de valientes.

Pero el miedo no es algo nuevo. Es algo tan antiguo como el hombre mismo. Probablemente el tener miedo nos ha hecho que sigamos como especie en la tierra, pues de no tenerlo igual nos hubiéramos o nos hubiesen extinguido. Por lo tanto el miedo es un mecanismo de defensa que nos puede salir bien.

A nivel religioso, ¿ de qué tenemos miedo?. Nos quejamos un montón de que las cosas no funcionan y las que lo hacen lo hacen mal; nos quejamos que en la Iglesia en vez de ir para adelante, vamos para atrás; nos quejamos que los jóvenes ya no están con nosotros en las celebraciones, etc... nos estamos quejando siempre y , a veces, de lo mismo.

Pero es curioso que las mujeres (siempre las benditas mujeres las primeras) al llegar al sepulcro, alguien les dice "no tengan miedo", las mismas palabras que el Papa Juan Pablo II dijo el día de su proclamación, "no tengan miedo". El del sepulcro invita a la confianza; la seguridad de sus palabras llevan a no asustarse, a abrirnos a lo nuevo, aunque sea desconocido. Incluso a esto, no hay que tenerle miedo.

Pero nada más salir del sepulcro, los discípulos están con las puertas cerradas por miedo. No son capaces de aliviar la pena de la pérdida con la certeza de la Vida, con la certeza del impulso de seguir adelante a pesar de las dificultades. Hoy en día creo que nos pasa lo mismo. Cerramos y nos cerramos pensando que lo tenemos todo "atado y bien atado" y cualquiera que llegue nos lo desata en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy el mundo, nuestro mundo, necesita más que nada de nuestro testimonio. Hoy el mundo necesita más que nunca de abrir las puertas, primero de nuestro corazón para que - como decía el Concilio - seamos capaces de abrirnos a nuevas realidades, sin miedo, con valentía, sin necesidad de cortarnos ante nadie ni ante nada. Hoy el mundo, necesita abrir las puertas de nuestra Iglesia (no de nuestros templos, que igual también), como institución y sacudir alfombras con polvo ancestro que lo único que hace es provocar reacciones alérgicas de muchos de los que están fuera y también de los que están dentro.

El abrir puertas puede ser la respuesta a tantas interrogantes de tanta gente que se pregunta el por qué de muchas cosas. Nuestro Papa Francisco nos invita constantemente a la ventilación de nuestra fe, de nosotros como portadores de la misma y de la Iglesia como custodia de esa fe.

Los Apóstoles tenían miedo, pero Jesús les dijo que la paz esté con ustedes. Muchos necesitan tocar para creer. Muchos necesitan testimonios diarios para poder decirle al mundo que lo que acabamos de celebrar no es un cuento, sino una realidad.

"Dichosos los que crean sin haber visto", y les añado "Muéstrame tu fe sin obras, que yo por las mías te diré que Jesús de Nazaret está vivo". ¡Qué fácil en el papel, pero qué difícil en la vida!, pero ¿quién dijo miedo?.

Amigos, no tengamos miedo. Gritemos a los cuatro vientos que Jesús de Nazaret merece la pena, que está vivo y que camina con nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 1 de abril de 2021

PEDRO, SIMÓN Y MARÍA MAGDALENA

¡Fuerte lío el de la pandemia!. , eso les decía el domingo pasado. La semana santa, no ha podido arreglar el desaguisado económico, las pérdidas - quien vive de la economía lo sabe bien - son cuantiosas y eso hace que muchas economías familiares estén resentidas. No podemos inaugurar la temporada playera que tan de costumbre es en Canarias, pero ¿qué hacemos?. No quiero que nos agarremos a un clavo ardiendo, no quiero que nos acordemos solamente cuando truena de santa Bárbara, no quiero que miremos, en esta semana, al cielo y el resto del año como si aquí no hubiera pasado nada.

Quiero agarrarme a la fe, humilde, sencilla, bruta y tosca en algunos casos, a la fe del que no entiende, de tres personajes que aparecen en este único acto que dividimos en tres partes.

Quiero fijarme en Pedro. Pedro es la imagen típica del farruco, del bravucón, del que lo sabe todo, pero que mete la pata en infinidad de ocasiones. Es la fe de muchos de nosotros. Es la fe de los que nos damos golpes en el pecho y que criticamos infinidad de cosas que hacemos en nuestra bendita iglesia y en nuestras comunidades parroquiales. Es la fe de los que decimos que ya está bien y no queremos hacer más, pero que siempre acabamos arrimando el hombro. Pedro es que no quiere que le laven los pies, el que dice que no negará nunca y un gallo se le adelanta por tres veces, es el que no se queda nunca dormido y no es capaz de mantenerse despierto, al que no quiere que le laven los pies y termina siendo besado por quien es el autor de la vida.... ojalá tuviéramos muchos un pizco de fe como la de Pedro.

Quiero fijarme en Simón, el de Cirene. Es el anónimo de la Pasión. Es el que aparece casualmente porque viene del campo, pero que se convierte en el alivio de un reo ajusticiado a morir en el propio peso que lleva. Me gustaría tener un poco de silencio y de entrega como la de Simón: ¡ cuantas cruces hoy en día necesitan de nuestra ayuda!. ¡cuántos son los que son golpeados cuál látigo en la vida y nosotros cruzamos de acera y miramos para otro lado!. ¡Cuántos reos en nuestras cárceles!, ¡ cuántas familias que no llegan a fin de mes!, ¡cuántas colas del hambre en las puertas de nuestras caritas!, ¡cuántos desahucios injustos!, ¡cuántas soledades en nuestros hospitales!... cuántas cruces tenemos que ayudar a llevar y no llevamos ninguna.

Quiero fijarme en María, la de Magdala. La mujer que corre más que nadie. La mujer que sospecha que algo ha pasado, pero que no es capaz de atisbar lo qué. La mujer que espera encontrar la muerte, un cadáver y se encuentra con la Vida, con la vida que va a dar sentido a la suya. La mujer que ha sido retada a que le tiraran piedras los que no tuvieran pecado, y ni una le cayó. Una mujer de la vida, que se encontró con la Vida. Una mujer que fue duramente criticada por las autoridades de la época, pero que supo hacer frente a las criticas y salir adelante.

Ya vemos que es una semana santa diferente en muchos aspectos, pero igual que otros años a nivel de compromiso y actitudes en la vida. Creo que el confinamiento nos viene bien a todos, porque puede ser el termómetro de muchas cosas: del servicio, de la ayuda en los momentos complicados, del testimonio en momentos de duda e incertidumbre. Nuestra semana es la más importante. No nos quedemos solamente con esta semana, es el principio de mucho y nunca el fin de nada.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

 

jueves, 4 de marzo de 2021

NO DESVIRTUEMOS NI EL LUGAR NI EL ESPACIO


En este fin de semana y casi al principio de la otra los acontecimientos se prestan a más de un comentario. Pero se prestan a la sinceridad de lo que nos traemos entre manos y a no engañar a nadie desde el convencimiento de que lo que hacemos o decimos sirve para algo. Últimamente da la impresión que siempre estamos hablando en negativo y no en positivo (como decía aquel entrenador holandés del FC Barcelona). Y es que los acontecimientos nos llevan a ello, en las parroquias, en las diócesis, en asociaciones.... es que esto no funciona, y lo más triste es que no vemos la forma y la manera de que funcione un poco mejor. Pero claro, la realidad es la que es y querer ver lo positivo donde no lo hay es engañarnos a nosotros mismos.

No es lo mismo esperanza que optimismo, según el cual las cosas siempre acaban por arreglarse de alguna manera. La esperanza va mucho más allá y es más profunda. Es la certeza de que la monotonía triste y el peso de la vida diaria, la desigualdad, la injusticia del mundo, la realidad del mal y del sufrimiento no van a tener la última palabra.

Este fin de semana, Jesús entra en la casa de su Padre, que puede ser cualquier cosa, menos lo que realmente es. Y muchas veces, en la actualidad, hacemos de nuestras iglesias cualquier cosa, menos casa de oración; menos lugar de encuentro entre un Padre y sus hijos que quieren hablar desde la tranquilidad y la sinceridad del corazón; menos espacio donde pueda donde uno pueda saborear aquello que ha compartido con otros que es la fe.

Nuestros templos no son casas de oración, en muchos momentos. Seguro que si Jesús vuelve, volvería a coger el látigo y echar a la calle a los cambistas, a los falsificadores de la verdad, a los mentirosos compulsivos, a los abusadores de la dignidad humana, a los que fingen hablar en nombre de otros, a los que no dejan sitio ni lugar para los preferidos de Jesús que son los pobres.

Estamos en un momento en el que la autoridad nos pide transparencia. Ojalá que esa transparencia nos sirva a todos, que no sea una mera disculpa para ocultar nada, que no seamos profetas de falsas calamidades, sino anunciadores de la verdad y esta es que nuestros templos son espacio de encuentro para unos y para otros.

Esta semana también se celebra el día de la mujer trabajadora. Un espacio maravilloso para reivindicar el papel de la mujer. Para valorar su esfuerzo y su trabajo. Para aplaudir su dedicación y entrega desinteresada, también en la Iglesia. Ojalá que no tarde en ocupar el puesto que por su valía le corresponde y además nos liberemos de prejuicios que la historia nos ha querido alimentar injustamente.

Pero por otra parte, que las autoridades civiles sean capaces también de valorar a la mujer en su justa medida y no se politice la parte femenina del ser humano en igualdad de deberes y derechos.

Tanto en un caso como en otro, tanto en la Iglesia como en la calle, no desvirtuemos ni el espacio ni el lugar. No dejemos que Jesús nuestro hermano se nos enfade y vuelva a coger un látigo. No nos olvidemos que la cruz es la expresión máxima del amor y todo lo que hagamos, dentro o fuera, ha de ser desde el amor, desde el cariño y desde la comprensión.

Vamos subiendo a Jerusalén, vamos subiendo en ese camino de conversión y todavía nos queda un largo trecho, a pesar que este domingo es también el domingo de la alegría.

Feliz Cuaresma

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 26 de febrero de 2021

PERO, ¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!

 ¡Qué fácil es, a veces, hablar del evangelio!. ¡Qué fácil es, a veces, preparar una homilía!. ¡Qué fácil es, a veces, hablar en una reunión!.. Qué fácil y con qué facilidad, a veces, convencemos a los demás de lo que muchas veces nosotros no estamos convencidos o por lo menos nos cuesta creer aquello que decimos. Pero seguro que esa es la grandeza de lo que la semana pasada teníamos que experimentar como reto: el desierto. El lugar cuaresmal por excelencia, donde uno se puede encontrar a solas consigo mismo y por supuesto con Dios.

Ahora nos tenemos que subir a una montaña. Nos tenemos no. Nos invitan a subir a una montaña. Subir la montaña no es tarea fácil, seguro que no está al alcance de muchos y menos si los que intentan subir no han hecho un poco de deporte previo para poder acometer las embestidas de la ruta que se me antoja nada favorable en muchos casos. Pero claro, es que la cuaresma no es un acceso apto par cualquiera. Lo es para los que de verdad y de corazón quieren creer en el evangelio y para ello se convierten.

Es curioso que los que suben a la montaña. Los que ya hicieron el camino antes que nosotros, exclaman: ¡qué bien se está aquí!. El premio, el resultado final al esfuerzo, al sacrificio, a la ceniza de la vida y del camino diario es encontrarse a Jesús tal y como el Padre lo quiere para nosotros. Es por ello que Pedro, aquel rudimentario pescador de Galilea, exclama, pero ¡qué bien me encuentro, qué bien se está aquí, qué maravilla de esfuerzo el haber subido a esta montaña dura!. Quiero quedarme, quiero hacer, no una, sino tres tiendas para los grandes que en la vida han marcado un camino. La respuesta es clara: Este es Jesús, este es mi Hijo, por favor, escúchenlo.

Esto me hace pensar, si la situación actual nos lleva a exclamar también como Pedro, pero ¡qué bien se está aquí!. Sin embargo veo que la realidad es otra. Que la dureza de la subida al monte, que la dureza de la subida del covid19, que la dureza del Erte, que la dureza de tantos ancianos en soledad o literalmente abandonados, que la dureza de tantas situaciones de familia que no llegan a fin de mes o que el paro no les llega para salir adelante... no lleva a exclamar que qué bien se está aquí.

Algo falla para que nuestras tiendas no estén ancladas con la suficiente fuerza para que todo aquel que viene a disfrutar de Jesús de Nazaret, exclame que qué bien se está aquí; algo falla para que esa voz de la nube que dice "este es mi hijo amado, escúchenlo", tenga una distorsión del sonido y haya tanto ruido que no es acogida por la mayoría.

Sin embargo no quiero ser pesimista. A pesar de los fallos, de las imperfecciones, de las cosas que no se hacen todo lo bien que se debiera, sigue habiendo gente que también dice qué bien se está aquí: qué bien se está aquí lo dicen esa cantidad ingente de voluntarios de caritas que después - muchos de ellos - de subir a su monte Tabor particular y familiar, sacan tiempo para escuchar a Jesús en el pobre y abatido. Sigue habiendo gente que dice qué bien se está aquí, cuando después de su Tabor particular sigue teniendo tiempo par acompañar al que en la soledad de la vida no tiene compañía o que busca la forma y la manera de aliviar la enfermedad de muchos. Sigue habiendo gente que dice que qué bien se está aquí esbozando una simple sonrisa incluso a aquel que no nos cae muy bien.

Quisiera también que mi Iglesia fuera un lugar donde pueda decir: qué bien se está aquí; donde se escuchen todas las voces, incluso las discordantes, pero sobre todo donde se escuche la voz de Padre Dios que dice: "este es mi Hijo, escúchenlo".

Ojala podamos subir al Tabor de nuestra vida y decir, qué bien estoy aquí.

 

 Feliz Cuaresma

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 19 de febrero de 2021

VAYA INSISTENCIA: CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO


 

 No hace mucho, hablaba con alguien que trabaja en uno de nuestros hospitales y, a raíz del covid19, me comentaba que el 98% de la plantilla hospitalaria hacía su trabajo estipulado y más si era necesario: si hacía falta quedarse más tiempo del que te corresponde en tu turno pues la gente se queda. Me comentaba que lo prioritario era sacar adelante a aquella gente que por desgracia tiene algo que no le corresponde, un virus. Es verdad, me decía, que también los hay que hacen sus turnos  (el 2% restante) y se van para sus casas. Paco, me decía, tiene que venir un virus para darnos cuenta lo maravillosa que es esta profesión, seguro que sin él, muchos no la valorarían.

Es verdad, me dije. Y pensando en la cuaresma,  somos muchos los que nos conformamos con lo establecido. Seguro que somos como ese 2% del que hablaba antes: cumpliremos con el ayuno, con la ceniza,  cumpliremos con la abstinencia, cumpliremos - algunos - con la limosna. Cumpliremos con nuestro mandamiento, tranquilizaremos nuestra conciencia y nos iremos a casa con la conciencia tranquila. 

Pero sigue habiendo algo que todavía no hemos asimilado y que sigue siendo igual de importante: convertirnos y creer en una buena noticia que da sentido a todo lo que hacemos y de la forma que lo hacemos. Nuestro mundo podría ir mejor, de otra forma y de otra manera y parte de la culpa la tenemos nosotros.

El covid19 nos ha puesto en evidencia. Nos ha desmontado los viejos esquemas, los esquemas que estuvimos utilizando hasta hace un año, y todavía no nos hemos puesto las pilas para recuperar lo perdido: tiempo y personas. No se trata ya del número de gente que viene a nuestras iglesias, se trata del convencimiento de que hay que ir al desierto. Tenemos que encontrarnos con nosotros mismos y con nuestro Padre Dios. Tenemos que presentarle lo que somos y como somos y entonces seguro que la ceniza tiene el valor de un espejo, de vernos como somos y en la medida de lo que somos.

Nuestro mundo está lleno de hambrientos, no solo de pan que también, que reclaman nuestra presencia, que reclaman ser oídos y escuchados, que reclaman una sonrisa y un abrazo hoy prohibido, que reclaman una mirada de complicidad por una causa que merece la pena y solamente podemos dar cuando hayamos asimilado que tenemos que convertirnos y creer en el evangelio.

Nuestro testimonio sigue siendo pobre, todavía hay gente que pregunta que si le pago al cura, puedo comer carne. Pecado no es comer carne, sino no dar pan al que lo necesita, o vestir al desnudo, o visitar al enfermo, o consolar al triste, o buscar la salida al que está en el Erte, o que no le llega la paga a fin de mes, o volver la mirada para otro lado al problema de la inmigración. Eso sí, aunque nos duela, es pecado

La remisión del pecado no pasa por confesarme y tranquilizarme, que también, sino en que la buena noticia es la que llevo como bademecum debajo del brazo y que en momentos de duda, de desierto, de tentación... la utilizo para que los demás vean que mi fe es acorde con las obras. Y que cualquier diablillo de la vida me puede ofrecer lo que quiera, pero que tengo que tener las agallas suficientes para decirle que se aparte. Entonces se hará realidad la frase de Conviértete y cree en el evangelio.

 

 Feliz Cuaresma

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 11 de febrero de 2021

RADIO TAMARACEITE: 25 AÑOS AL SERVICIO DE LOS DEMÁS


Cumplir, cumplimos todos los días. Si no son años, son días. Lo que pasa es que hay cifras que son redondas y por ello tienen una significación especial. Estos números redondos son los que enmarcan y engloban acontecimientos que se van desarrollando en la vida de personas, colectivos y que hace que estos acontecimientos se recuerden de una manera un poco más especial. Eso pasa con las bodas de plata: son un aldabonazo para continuar en el proceso o en el camino de la vida.

Hace veinticinco años, el barrio de Tamaraceite, era un barrio del área metropolitana de Las Palmas de Gran Canaria, que, sin saberlo, le iba a tocar la lotería humana. El premio de una persona que iba a dejarse la piel en el y por el pueblo con el convencimiento de que un tal Jesús de Nazaret haría lo mismo. Un pueblo en el que la mayoría de las calles tienen nombres bíblicos, cuestas que hacen recordar que la vida está hecha de sudor, esfuerzo, quizás lágrimas....

Este buen hombre, recién llegado de Fuerteventura, no se le ocurre otra cosa que con la donación de un dinero (50.000 pts - que los más jóvenes hagan las cuentas para saber los euros que serían -) en un festival de un colegio, montar una radio. Una radio que nace en el baño de unos salones parroquiales, donde las condiciones de habitabilidad eran escasas, donde los aparatos eran escasos y algunos rudimentarios....y que donde el primer día de emisión se oía a Ana Torroja y al grupo Mecano, cantando JC. Una canción que - muchos no saben - está dedicada al carpintero de Nazaret. Y una pregunta en el aire: ¿alguien está escuchando algo?. Si es así, por favor llamen. Las llamadas se convirtieron en un aluvión: comenzaba a despertarse de un sueño.

Suso Vega, el creador y animador de, quizás, una imprudencia del momento, se ha convertido en un ídolo para un pueblo necesitado de escucha (como la radio), necesitado de comunicar sus anhelos y sueños (como la radio), necesitado de denunciar aquello que no funciona (como la radio). Había nacido, en Tamaraceite, la voz del pueblo y para el pueblo. Había nacido un evangelio radiofónico viviente, con un montón de citas bíblicas que no aparecen en la Biblia, y con un mensaje claro: esto es de ustedes y para ustedes.

La sencillez del nacimiento pronto caló y se hizo hueco y eco en medio del pueblo. Pronto la familia de dos o tres personas, fue aumentando de tal manera que aquel baño del comienzo se hizo chico, que los sueños eran mayores y había que ampliar y mirar hacia algo importante. Muchos son los nombres que han pasado por la radio, y que han dejado su huella; algunos se han bajado de esta maravillosa aventura, pero que también han dejado su huella; muchos han puesto y ponen su voz, su maestría en la técnica, su saber estar en las relaciones sociales....a todos y todas GRACIAS.

Este fin de semana que celebramos la jornada de Manos Unidas, manos unidas son las que hicieron posible la radio, todos juntos la sacaron adelante de tal forma que se convirtió en toda una emisora Diocesana, aunque no podrá nunca olvidarse de sus raíces.

Alguien decía que Radio Tamaraceite, emisora Diocesana, era una familia, familia donde se ríe, llora, se discrepa, se ilusiona, se anima.... pero al fin y al cabo familia.

Gracias a D. Ramón Echarren, a D. Francisco Cases, a D. José Mazuelos, a Cristóbal, a Jorge, Venerando, Víctor. Todos han puesto su granito de arena. Suso, Gracias por engendrar este maravilloso proyecto llamado Radio.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 29 de enero de 2021

AUTORIDAD NO ES LO MISMO QUE PODER

Los que peinamos ya algunas canas, recordamos aquellos tiempos pretéritos en los que el poder se ejercía con autoridad. Ambos, poder y autoridad, eran inseparables: en la política, en la escuela, en la familia, etc... en cualquiera de los estamentos sociales. Uno complementaba al otro y uno no se daba sin el otro. Es más, socialmente se consideraba incluso que tenía que ser así. También en la Iglesia. Muchas veces, a lo largo de la historia, la Iglesia, nuestra querida Iglesia, ha evangelizado con autoridad y con poder. Claro, muchas veces, de aquellas tempestades, estos lodos.

También es verdad que hay hoy en día quien reivindica una sociedad de más autoridad, que se nos está yendo de las manos, que a los jóvenes les hace falta un poco de mano dura, que una bofetada a tiempo vendría de maravilla.... autoridad y poder.

Curiosamente, la liturgia de este fin de semana nos habla de un Jesús que habla con autoridad. Pero no como los letrados, los entendidos de la ley de aquella época, sino que sus palabras liberaban a las personas de "espíritus malignos".

Es verdad, por otra parte, que estamos viviendo una crisis de autoridad, la confianza que teníamos en las instituciones parece que se nos está desvaneciendo, ya no es lo que era o lo que nosotros creemos que tendría que ser. Incluso dentro de la propia Iglesia, parece que estamos viviendo un tiempo de marejada en esa barca de Pedro, en la que no sabemos hacia donde vamos ni como vamos.

Pero la autoridad de Jesús, es una autoridad para fuertes y valientes. Es la autoridad que se acerca al pobre y oprimido por el mal y le dice con energía que se calle y salga de ese hombre. Manda callar a esas voces que no dejan que los hombres puedan encontrar se con Dios y consigo mismo, poder recuperar el silencio en lo más profundo del ser humano.

No pocos de nosotros vivimos en nuestro interior con imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Viven con un Dios que extiende una sombra que amenaza y que controla un Dios opresor.

Me pregunto si , en este tiempo también de gran incertidumbre y quizás hasta de miedo, no es el momento de volvernos hacia Jesús y empezar a enseñar como lo hacía él. La palabra de nuestra querida Iglesia, nuestra palabra como discípulos que por el bautismo nos hemos comprometido en esta maravillosa aventura, ha de ser y de nacer del amor real a las personas, sean del color que sean y de la confesión religiosa que sea. Ha de ser una palabra que hemos de decir después de una atenta escucha del sufrimiento que hay en el mundo, no antes de escuchar al mundo. Ha de ser una palabra capaz de acompañar la vida doliente del ser humano.

Necesitamos una palabra más liberada de la seducción del poder y más cercana al Espíritu de Jesús. Una enseñanza que nazca del respeto y de la estima positiva de las personas, que genere esperanza y que cure heridas que hay muchas. No me gusta quedarme con la idea de una Iglesia en la que solamente se escuche la palabra de los letrados y no la palabra amable y cariñosa de quien acoge, escucha y ama.

Precisamente María, es el prototipo de acogedora, que escucha y que ama, que bajo la advocación de la Candelaria cubre con su manto no solamente al pueblo de Ingenio, ( y a todos los pueblos que la tienen como patrona) sino a todos sus hijos.

Amigos, hablemos con autoridad coronaria (del corazón) y no con la de la ley, que esta mata.


Hasta la próxima

Paco Mira


jueves, 21 de enero de 2021

FUERA LOS FALSOS OPERADORES

 FUERA LOS FALSOS OPERADORES

Me resulta curioso comprobar, como en los momentos de gran dificultad, todo el mundo tiene soluciones. Las redes sociales echan humo intentando dar respuesta a problemas en los que parece que la solución - según ellos - es lo más sencilla; todo el mundo escribe, con mayor o menor rigor, diciendo lo que tenemos que hacer y sobre todo cómo lo tenemos que hacer. Pero el problema sigue estando, sin solución y seguro que aumentado de forma escandalosa.

No hace mucho llamó a mi casa un operador de telefonía, haciéndome ver que lo que yo tenía instalado no era lo más conveniente. Al contrario si me cambiaba de compañía la lentitud, los megas, la velocidad... iba a aumentar considerablemente. Cuando el hombre aquel, haciendo su trabajo, acabó de ofertarme todo lo que tenía en su agenda, guardé un poco de silencio, y le respondí que todo lo que me estaba ofertando por qué no me lo hizo antes de que dejara de funcionar correctamente. Curiosamente la conversación se cortó sin saber por parte de quien.

Esto viene a cuento, porque estamos en una situación vital en la que abundan los grandes operadores de la vida. Aquellos que nos llaman, nos escriben, nos invitan a apuntarse a soluciones que ni ellos mismos han probado, pero que su empresa les exige que nos la oferten. Operadores que dan la cara por causas en las que ellos muchas veces no están ni seguros que sea cierto, pero.... hay que comer todos los días. La nieve, la pandemia, ha hecho florecer infinidad de falsos predicadores que ofertan lo que ellos mismos no se creen.

Este fin de semana se quitan de en medio a Juan el Bautista. Lo llevan a la fortaleza de Maqueronte y sabemos lo que Herodes Antipas resolvió con él: su cabeza en una bandeja. Y es curioso como el propio Jesús toma el testigo y continúa con la labor que el propio Juan había iniciado. Juan predicaba en el desierto, donde nadie parecía escucharle, y solamente recomendaba conversión.

Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: ya está aquí Dios, con la fuerza de su justicia, tratando de reinar entre nosotros. Jesús experimenta a Dios como una presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza, en un mundo desolado, abatido y triste por la situación de enfermedad y de economía. Hay otra alternativa a los falsos operadores o a los profetas de calamidades. No es verdad que la historia tenga que transcurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y más fraterno. No hemos de vivir como si nada estuviera sucediendo.

Jesús nos invita a la conversión, nos pide cambiar la manera de pensar y de actuar. Nos invita a tomar la vida en serio, a despertar de la indiferencia, a movilizar nuestras energías, a creer que es posible humanizar el mundo. Nos invita a creer en la fuerza liberadora del evangelio y a introducir en el mundo la confianza.

El que así actúa se convierte en pescador de hombres, lo único que tenemos que hacer es estar atentos a cuando oigamos nuestro nombre. Ojo con los falsos operadores que por unas monedas te ofrecen lo que no se creen ni ellos.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 8 de enero de 2021

LOS COMPROMISOS, COMO LOS CONTRATOS:¡ A CUMPLIRLOS!

 Cuando uno tiene la gran suerte de tener trabajo, y este seguro (cosa rara en los tiempos que corremos), tendemos a la relajación. Tendemos a que todo vale, a que nos da igual lo que hacemos - bien o mal -, a que el gasto público (por aquello - equivocadamente - que yo no lo pago) me da lo mismo, incluso el trato con las personas que en parte puedan depender de mí no es, a veces, el más adecuado. Todo porque me siento seguro en el trabajo que tengo.

Y es que los trabajos no son más que el compromiso, a cambio de una remuneración, con la sociedad en la que me ha tocado vivir. Gracias a la implicación de los ciudadanos, gracias al esfuerzo y el valor de muchos de ellos, el país que nos ha tocado vivir camina y va hacia adelante. En la medida en que yo no me implique, el país irá ralentizándose, la convivencia con los demás se irá deteriorando y no lograré aquello que con anhelo ando buscando.

Este fin de semana, después que Dios se manifestara (Epifanía) al mundo por medio de su Hijo, y que el mundo lo reconociera por medio de unos Magos, celebramos el bautismo del Señor, y por ende el bautismo de todos y cada uno de nosotros. Me viene a la mente que el valor que le damos a los sacramentos a veces no es el que se merecen o por lo menos lo que significan y lo que significan para nosotros. 

Está más que de sobra recordar que nuestra fe, quizás, sea mejor que la de tiempos pretéritos. No es una fe de número (Iglesias de abarrote), sino una fe a lo mejor de compromiso. Una fe de realmente querer vivirla y compartirla (Iglesias con poca gente). En los tiempos que nos ha tocado vivir, tiempos duros de pandemia que arrastra al paro, al Erte, a la enfermedad, a la desolación, a la muerte y abandono en muchos casos, nos preguntamos , ¿dónde está Dios?, ¿de qué me sirve creer si no me soluciona el problema?.

El Bautismo no es más que el ticket del compromiso cristiano. El Bautismo no es más que la credencial de la sinceridad de quien se apunta a una misión en un proyecto que se me antoja complicado y hasta difícil. Por eso muchos de bajan del carro. Por eso muchos, ahora, se han dado cuenta que seguir a Jesús cuando las cosas no van bien, es una tarea casi de valientes e intrépidos locos por una buena noticia llamada Evangelio.

Muchos reclaman que fueron bautizados sin consultarles. Claro, tampoco les preguntaron si había que comer con las manos o con la cubertería, o tampoco preguntaron si querían ducharse, o....El bautismo es la herencia de quien ha vivido y mamado la alegría del anuncio de un mensaje.

Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús. No nos hemos de engañar. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza. Hemos de dar la razón de nuestra esperanza y de nuestra fe al mundo que nos rodea. Hemos de ser consecuentes con nuestro bautismo y sino, no solicitemos aquello de lo que no estamos convencidos, pues de lo contrario estaremos dando al mundo una imagen distorsionada y falsa de la Verdad que se llama Jesús de Nazaret.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira


sábado, 26 de diciembre de 2020

FAMILIA, PERO... ¿QUÉ FAMILIA?


 

 A lo largo de los años hemos conocido familias idílicas. Familias que de cara a los demás eran ejemplo de lo que la sociedad esperaba de ellas. Seguro que muchos de nosotros nos hemos educado en alguna de ellas. Familias trabajadoras, familias que se desvivían por sus hijos, familias en las que la comunicación era la bandera que ondeaba en un clima de absoluta convivencia. Incluso familias religiosas que compartían la fe dominical, sí o sí. Recuerdo en mi tierra un matrimonio que tenía nueve hijos. El padre en una esquina del banco de la iglesia, la madre en el otro y en el medio los nueve. Todo el mundo se maravillaba.

Los tiempos han ido corriendo, pasando, y esa imagen de familia que tradicionalmente hemos visto, resulta que ahora se ha desvanecido o no encaja en el modelo que tradicionalmente veníamos observando como tal: la fe, seguro que la comparten solamente los progenitores, los hijos ya no aparecen por la Iglesia, eso de rezar antes de almorzar puede suponer gestos o modos de desaprobación aunque se asumen por no hacerle el feo a los padres, pero esperando que - en el caso de hacerlo - acabe cuanto antes.

Celebra la Iglesia, este fin de semana, después de la Navidad, la Sagrada Familia. Quiero imaginar a un José limpiando una cuadra llena de basura de los animales, con un olor , quizás, nauseabundo, para que su mujer pudiera dar la luz. Seguro que las condiciones higiénico sanitarias no fueron las mejores ni las adecuadas. Pero ambos asumieron, desde el amor mutuo, un proyecto que, en principio, dudo que entendieran. Juntos iniciaron un camino seguro que con un temor a un resultado incierto.

El Concilio Vaticano II definía la familia, como una "comunidad de amor". Y es que el amor es el que tiene que mover los proyectos de futuro en una pareja que se ama y que quiere que Dios camine, desde el silencio, con ellos; que les ayude en todos y en cada uno de sus movimientos, que les guíe en los momentos de mayor angustia cuando las dificultades asoman por la ventana o llaman a la puerta de la convivencia.

Hoy la familia ya no es la de mi infancia. Hoy hay parejas, que desde el amor, como "Dios quiere", inician un camino en común y quieren que sus hijos compartan con ellos ese proyecto de vida, igual diferente, igual resulta extraño, pero Dios está en todos y cada uno de ellos.

Tenemos la costumbre de rechazar aquello que no vemos como de "toda la vida o que siempre se ha hecho así"; tenemos miedo a innovar o hacer diferente aquello que pudo servir , pero que ahora ha de ser de otra manera. Parejas que rehacen su vida, porque la anterior no dejaba desarrollar la vida; parejas en las que el hombre y la mujer no están presentes sino que son del mismo género, parejas en las que el amor evangélico es el motor de sus vidas, parejas en las que la fe, aunque muchas veces, no se vea de una manera clara, está presente.

Dios es amor. El amor es el motor que tiene que hacer funcionar el engranaje social que lo conforman las familias. Seguro que José limpió la cueva para acoger a su retoño. Limpiemos nosotros nuestro corazón de prejuicios. Amemos y queramos a todos los que educan a sus hijos en el amor que ellos derrochan. La familia de Nazaret es sagrada porque el amor es sagrado y es lo que nos tiene que mover. Si aceptamos a José y a María, aceptamos a un tal Jesús que nos anima a vivir como comunidad de amor.

Hasta la próxima

Paco Mira