Oración con el evangelio de este fin semana.
Dame la gracia Señor de saber valorarme en mi justa medida. Dame la sabiduría de saber cuál es mi puesto y la madurez para no caer en la trampa de los honores humanos. Que nunca me enferme el deseo de tener lo que otros tienen y de estar donde otros están. Hazme dichoso con lo que me has dado, con el puesto que ocupo, con las capacidades que tengo y con los límites que arrastro. Que mi vida la entienda como una gracia, adornada por la belleza de tu amor. Que mi gozo sea amar y servir allí donde la vida, movida por tu gracia, me ha puesto. En la mesa de tu Reino cada sitio es importante: todos servidos por Ti, todos escuchados y atendidos de la misma manera. La pelea por el protagonismo y el mando que veo en este mundo me hace entrever personas frágiles, que no se valoran, ni tal vez se quieran. La agresividad que les reviste, incluso con buenas palabras, expresa el veneno que han acumulado en el corazón. Que me sepa rodear, Señor, de personas sencillas y nada ambiciosas, ricas por dentro, sin amabilidad fingida, siempre disponibles. Que sepa apartarme de las personas trepadoras, que fingen una humildad que no tienen y que esparcen veneno allí por donde van. Tu Iglesia, Señor, es un pequeño laboratorio de lo que ocurre en el mundo. Vivimos tentados por las mismas pasiones y en ocasiones nos llevamos sorpresas de quienes deberían precedernos en la caridad y en la madurez. Que mis ojos, Señor estén puestos en Ti y en tu sublime ejemplo, que siendo de condición divina pasaste por uno de tantos. Supiste amarnos desde abajo, acogernos en nuestra pobreza, y así levantarnos de la postración. En el puesto que tengo, y mirándote siempre, que sepa vivir feliz sabiendo que soy invitado a tu mesa. Con esto me basta.