viernes, 13 de marzo de 2026
EVANGELIO Y LECTURAS DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»
EVANGELIO Y LECTURAS DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»
Primera Lectura
Lectura del primer libro de Samuel
(16,1b.6-7.10-13a):
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna
de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos
me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene
delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni
en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven
la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel
le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está
cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa
mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de
hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es
éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con
él en adelante.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a
los Efesios (5,8-14):
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los
ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa
Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los
que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba
a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era
sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le
preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y
veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene
de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes
signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y
tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y
nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando,
ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Palabra del Señor
ORACIÓN POR LA PAZ
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción.
Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: "La paz esté con ustedes",concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.
Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la
humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades.
Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.Amen
martes, 10 de marzo de 2026
EL DIOS DE LOS FICHAJES
EL DIOS DE LOS FICHAJES
A los que les gusta el fútbol, saben que cuando llega junio es como los contratos de trabajo: todo el mundo anda pendiente si me llaman, si me renuevan, si sigo con el mismo horario, si voy a tener jornada completa, etc.. Y claro, sin hay bajas tiene que haber fichajes y además fichajes que salven nuestra situación como equipo. Y dependiendo del equipo, así fichamos.
Los que tenemos ya cierta edad y de pequeños jugábamos en la calle, sabemos que cuando teníamos una pelota y formábamos equipos, nunca escogíamos al que no nos caía bien, al que tenía un cierto volúmen, al que no le gustaba el fútbol... se escogía al mejor, al que mayor habilidades tenía, al que jugaba mejor y.. siempre había un equipo que siempre ganaba.
Cuento esto porque nos estamos ya acercando a Jerusalén, en ese caminar hacia la Pascua, hoy nos encontramos con el Dios de los descartes. Y lo comprobamos ya en la primera lectura, por boca del profeta Samuel, que elige al último de los hijos, al que estaba en el campo, al pequeño, al que no contaba para nadie.
Y es curioso que Jesús escoge a un ciego de nacimiento para uno de sus importantes milagros, a un hombre que no contaba para nadie y que además nadie le hacía caso.
En la vida no nos iliusiona el estar con perdedores, ni con gente que no conocemos. Nos gusta el postureo, seguir a los guapos y a los ricos, a los famosos en las redes sociales. Si una persona, en su negocio, gana millones de euros, lo ponemos como modelo a seguir, como ejemplo y como meta.
Pero llega Dios y nos cambia las reglas. No quiere que las personas sigan estando en la miseria y en el olvido. No quiere que los pequeños sean invisibles, no le gusta que siempre se elija a los mismos. Y es que el fuerte no necesita ayuda, el listo no necesita pistas, el perfecto no necesita nada, ni a Dios si quiera. Por eso Dios no potencia al primero.
Dios ayuda al último para que coja ritmo, para que no se descuelgue, para que sepa que es parte de un equipo ganador que es el género humano. Dios elige a los últimos para enseñarnos que el amor vale más que el éxito o el dinero. Nadie elige a su madre o a su padre por el trabajo que tiene. Una madre o un padre no es ni mejor ni peor por el sueldo que gana... sino que tenemos a una madre y. a un padre y este nos quiere como somos.
Dios siempre elige a nosotros para jugar: ganemos o perdamos.
sábado, 7 de marzo de 2026
EVANGELIO Y LECTURAS DEL III DOMINGO DE CUARESMA
EVANGELIO Y LECTURAS DEL III DOMINGO DE CUARESMA
Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (17,3-7):
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró
contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a
nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este
pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando
contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado
con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en
Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y
puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel
y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio
de nosotros?»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 94,1-2.6-7.8-9
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a
los Romanos (5,1-2.5-8):
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos
en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido
con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en
la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque
el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo
que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en
el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien
muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas
la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores,
murió por nosotros.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan
(4,5-42):
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial
de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de
beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los
samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es
el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es
hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que
nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener
sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que
yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la
vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré
más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»
La mujer le contesta: «No tengo marido».
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has
tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta.
Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde
se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni
en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno
que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación
viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que
quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el
Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben
hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo;
cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron
a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí
dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que
él es de verdad el Salvador del mundo.»
Palabra del Señor
sábado, 28 de febrero de 2026
ORACIÓN DEL FIN DE SEMANA
Oración con el evangelio de este fin de semana.
EVANGELIO Y LECTURAS DEL II DOMINGO DE CUARESMA
Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis (12,1-4a):
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra
y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran
pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a
los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se
bendecirán todas las familias del mundo.»
Abrán marchó, como le había dicho el Señor.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 32,4-5.18-19.20.22
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san
Pablo a Timoteo (1,8b-10):
Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la
fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros
méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia,
por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer
nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida
inmortal, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo
(17,1-9):
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a
su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró
delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se
volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando
con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor,
¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para
Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió
con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi
predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de
espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no
temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis
a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Palabra del Señor










