sábado, 28 de febrero de 2026

ORACIÓN DEL FIN DE SEMANA



 Oración con el evangelio de este fin de semana.

Desanimados encontrabas a tus discípulos, Señor. Y en ocasiones así nos encuentras a nosotros. Subiste a la montaña santa con tres de ellos que tuvieron una experiencia que les llenó el corazón. No eran privilegiados, sino misioneros: llamados a comunicar ánimo y esperanza, aunque no pudieran compartir lo que vieron y sintieron. Gracias, Señor, por las personas que has puesto en mi camino, que habiendo sentido el peso doloroso de la vida, me han sabido comunicar ánimo. Gracias por los que, delante de Ti cada día, renuevan sus energías y siguen en la brecha, a pesar de dolores o desencuentros. Gracias por los que no se viene abajo, aunque oigan críticas injustas, sean despreciados, pisoteados, malinterpretados. Gracias por los que no siembran negatividad y falta de comunión. Gracias por los que no quieren un cristianismo fácil y cómodo, y se preparan cada día para aceptar la cruz que les pueda venir. Gracias por los que, llevando tantas heridas en sus cuerpos y en sus almas, introducen sus llagas en las tuyas y son transfigurados por tu amor. Gracias por los que, en tiempos de sequía espiritual, permanecen fieles, sabiendo que detrás de toda oscuridad viene la luz. Gracias por los que moderan sus quejas y saben bendecir, alabar, y glorificar tu nombre. Gracias por los que se aceptan cada día con paciencia, asumiendo su propio barro, y tratando de amarse, porque Dios les ama. Gracias por las veces que te has transfigurado en mi alma, ofreciéndome consuelo y comunicándome ánimo. Gracias porque la fe me hace verte en ese pan de sólo harina y agua, donde se esconde el tesoro más hermoso que alimenta y sostiene. ¡Qué bien se está hoy y siempre en tu compañía, Señor!

EVANGELIO Y LECTURAS DEL II DOMINGO DE CUARESMA

 



Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (12,1-4a):

 

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»

Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

 

Palabra de Dios

 


Salmo

Sal 32,4-5.18-19.20.22

 

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti

 

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R/.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

 

Nosotros aguardamos al Señor:

él es nuestro auxilio y escudo.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti. R/.

 

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1,8b-10):

 

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

 

Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

 

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

 

Palabra del Señor

sábado, 21 de febrero de 2026

ORACIÓN DESDE EL EVANGELIO

 


Te vas al desierto, Señor, apagas los ruidos externos y te oyes por dentro. Te descubres en paz, sin añadidos ni artificios. Pero al rato aparecen voces que quieren perturbarte, encandilarte y hasta atraerte. Son voces que te quieren poderoso, con recursos necesarios y sin grandes problemas que solventar. Son voces atractivas, hasta con pinceladas de humor: tan poderoso que, cayendo por un gran precipicio, te sientes rescatado y protegido. Y a cambio se te pide bien poco: vender tu libertad al maligno. Total, si otros le adoran, y parece que les va bien, por qué no lo haces Tú también. En este mundo venimos, según esas voces, para disfrutar al máximo, para comernos el mundo. Y si hay fracaso, que sea para otros. Y si hay problemas, que tengamos los mínimos. El que quiera éxito que lo tenga. El que quiera pasar desapercibido que nunca le falte de nada. El otro interesa poco, o sólo un rato. Al que tiene problemas que lo cuiden los que pueden; yo con lo mío tengo. Sólo si me sobra algo de mi disfrute le daré de lo sobrante. Señor, ¿por qué no te dejaste convencer? ¿Por qué no hiciste lo que hace todo el mundo? Creo que Tú escuchabas una voz con una frecuencia especial que te invitaba a vivir de otra manera. Una voz que escuchabas cuando había silencio. Una voz que trasmite ternura, que habla de lo eterno, que sacaba de Ti lo mejor y más bello. Tus discípulos te veían ir de noche a escuchar esa voz, y cuando te lo preguntaron dijiste que era la voz del Padre. Y esa voz apagó la del maligno. Ganaste, Señor, la guerra más fuerte que emprende cada persona: la de la libertad. Ella sólo se puede entregar a Dios, que es el único que la custodia, la bendice y la multiplica. ¿Me ayudará, Señor, en esta cuaresma a recuperar algo de mi libertad perdida?

EUCARISTÍA PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO Y LECTURAS DEL I DOMINGO DE CUARESMA

 ectura


Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (2,7-9;3,1-7):

EL Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:

“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer:

«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

 

Palabra de Dios

 


Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

 

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

 

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R/.

 

V/. Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces. R/.

 

V/. Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R/.

 

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-19):

 

HERMANOS:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:

pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

 

Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo:

«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los

reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

Palabra del Señor