jueves, 19 de marzo de 2026
COMPARTIENDO JUNTOS
LOS LÁZAROS DE LA VIDA
Todos tenemos claro que la única certeza de la vida, es la muerte. No sabemos si nos va a tocar la lotería, no sabemos si vamos a ser felices en la vida, no sabemos lo que nos tiene preparado el futuro, no sabemos si vamos a tener hijos.... Pero lo que sí sabemos es que no nos vamos a quedar en este mundo. Somos la máquina más perfecta creada, sin embargo y como toda máquina, llega un momento que deja de funcionar.
Sin embargo el ser humano ha sido curioso desde el principio de los tiempos: preguntas como de dónde venimos o a donde vamos siempre le han rondado a en la cabeza del ser humano. Incluso aquello que no sabemos, lo queremos saber y para ello recurrimos muchas veces a lugares y sitios que nos lo desvelen: cartas, bola, horóscopos... y¡anda que no se ha lucrado gente con eso!
Precisamente el evangelio que acabamos de escuchar, nos pone ante esta realidad: la muerte de alguien a quien Jesús quiere. Su amigo Lázaro. Y es que Lázaro podemos ser tú y yo, podemos ser cada uno de nosotros y Jesús no es ajeno al sufrimiento que supone cuando la muerte nos llama en la puerta de cada uno de nosotros. El texto dice Jesús lloró.
Y es que Jesús, aunque muchas veces no lo creamos, no es ajeno a nuestro dolor: llora con nosotros, camina con nosotros en los momentos más osuros. Dios no nos exige explicaciones a preguntas que seguro que no tienen respuesta, sino que nos acompaña en el momento más cruel, incluso en situaciones que a veces catalogamos como ilógicas. El pasaje del evangelio no termina en lágrimas, sino Jesús al lado de la vida (Marta y María) y pronunciando yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque haya muerto vivirá. ¿Crees esto?.
Hemos de constatar que Dios tiene su tiempo, aunque no lo entendamos por eso Jesús llega tarde (Dice que Lázaro lleva cuatro días enterrado). Cuántas veces sentimos que Dios llega tarde a nuestras vidas, sin embargo el retraso de Dios no es ausencia. Dios camina con el que sufre, aunque no lo veamos, y siempre nos prepara para algo mejor.
Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre (como lo hizo con Lázaro), es una llamada personal y le manda salir del sepúlcro. Hoy también Jesús nos llama para salir de nuestros sepúlcros, de aquello que nos tiene en la oscuridad, nos manda salir del miedo, de cometer los errores, de la desesperanza, del odio, de la envidia....
Es curioso como Jesús no le quita las vendas a Lázaro, le dice a los que estaban allí que se las quiten. Nos enseña que la fe no se vive en soledad, sino en comunidad y la comunidad es la que nos tiene que ayudar a recuperar la vida. Es curioso como la historia de Lázaro no solo es la historia de un hombre que volvió a la vida, sino que es nuestra propia historia. Jesús sigue pasando por nuestra vida, sea cual fuere, e incluso cuando todo parece que está perdido, nos sigue diciendo como a Lázaro sal fuera.
Este fin de semana que celebramos el día del seminario, ojalá que tengamos muchos candidatos para dar vida a una vida en la que a veces parece que solo existe el odio y el rencor. Donde solamente parece que el silbido de las balas es el único lenguaje que entendemos. Recemos por aquellos que discerniendo en su vida, le dan un sí desinteresado a Jesús.
viernes, 13 de marzo de 2026
EVANGELIO Y LECTURAS DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»
EVANGELIO Y LECTURAS DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»
Primera Lectura
Lectura del primer libro de Samuel
(16,1b.6-7.10-13a):
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna
de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos
me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene
delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni
en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven
la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel
le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está
cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa
mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de
hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es
éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con
él en adelante.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a
los Efesios (5,8-14):
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los
ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa
Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los
que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba
a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era
sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le
preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y
veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene
de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes
signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y
tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y
nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando,
ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Palabra del Señor
ORACIÓN POR LA PAZ
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción.
Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: "La paz esté con ustedes",concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.
Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la
humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades.
Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.Amen
martes, 10 de marzo de 2026
EL DIOS DE LOS FICHAJES
EL DIOS DE LOS FICHAJES
A los que les gusta el fútbol, saben que cuando llega junio es como los contratos de trabajo: todo el mundo anda pendiente si me llaman, si me renuevan, si sigo con el mismo horario, si voy a tener jornada completa, etc.. Y claro, sin hay bajas tiene que haber fichajes y además fichajes que salven nuestra situación como equipo. Y dependiendo del equipo, así fichamos.
Los que tenemos ya cierta edad y de pequeños jugábamos en la calle, sabemos que cuando teníamos una pelota y formábamos equipos, nunca escogíamos al que no nos caía bien, al que tenía un cierto volúmen, al que no le gustaba el fútbol... se escogía al mejor, al que mayor habilidades tenía, al que jugaba mejor y.. siempre había un equipo que siempre ganaba.
Cuento esto porque nos estamos ya acercando a Jerusalén, en ese caminar hacia la Pascua, hoy nos encontramos con el Dios de los descartes. Y lo comprobamos ya en la primera lectura, por boca del profeta Samuel, que elige al último de los hijos, al que estaba en el campo, al pequeño, al que no contaba para nadie.
Y es curioso que Jesús escoge a un ciego de nacimiento para uno de sus importantes milagros, a un hombre que no contaba para nadie y que además nadie le hacía caso.
En la vida no nos iliusiona el estar con perdedores, ni con gente que no conocemos. Nos gusta el postureo, seguir a los guapos y a los ricos, a los famosos en las redes sociales. Si una persona, en su negocio, gana millones de euros, lo ponemos como modelo a seguir, como ejemplo y como meta.
Pero llega Dios y nos cambia las reglas. No quiere que las personas sigan estando en la miseria y en el olvido. No quiere que los pequeños sean invisibles, no le gusta que siempre se elija a los mismos. Y es que el fuerte no necesita ayuda, el listo no necesita pistas, el perfecto no necesita nada, ni a Dios si quiera. Por eso Dios no potencia al primero.
Dios ayuda al último para que coja ritmo, para que no se descuelgue, para que sepa que es parte de un equipo ganador que es el género humano. Dios elige a los últimos para enseñarnos que el amor vale más que el éxito o el dinero. Nadie elige a su madre o a su padre por el trabajo que tiene. Una madre o un padre no es ni mejor ni peor por el sueldo que gana... sino que tenemos a una madre y. a un padre y este nos quiere como somos.
Dios siempre elige a nosotros para jugar: ganemos o perdamos.






