viernes, 24 de mayo de 2024

PRIMERAS COMUNIONES SAN NICOLÁS DE BARI 12.30

PRIMERAS COMUNIONES SAN NICOLÁS DE BARI 11.00

EUCARISTÍA SANTISIMA TRINIDAD

Lecturas de la Santísima Trinidad



Primera Lectura

Primera lectura: Dt 4,32-34.39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Palabra de Dios

                                                   

Salmo

Salmo responsorial: 32

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos,
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.


                                                  

Segunda Lectura

Segunda lectura: Rm 8,14-17

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

                                                   

Evangelio

Evangelio: Mt 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor

                                                      

                                                        

 

¡ EN NOMBRE DEL PADRE, EN NOMBRE DEL HIJO....!

 


¡ EN NOMBRE DEL PADRE, EN NOMBRE DEL HIJO....!

 

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, así comenzamos los cristianos la oración, confesando nuestra fe en la Trinidad. Lo hacemos con toda naturalidad, sin querer comprender intelectualmente, a cada instante, el misterio que dicha afirmación encierra. Hemos conocido que Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu. Esa es nuestra fe.

Cuando en el año 180 a un mártir le preguntaron qué era el cristianismo, este respondió al que lo iba a ejecutar: «si lograras mantener los oídos atentos, te revelaría el misterio de la simplicidad». Pero, ¿en qué consiste el misterio de la simplicidad?. Es la experiencia de que Dios ha entrado en nuestra historia como Padre amoroso, como madre amorosa y nos ha entregado a su Hijo encarnado en nuestra carne y miseria, con la fuerza y entusiásmo del Espíritu que todo lo vivifica.

¿Podemos vivir, experimentar, ese misterio de la simplicidad?.¿podemos experimentar a ese Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo?. Por supuesto. La fe cristiana lo ha vivido y experimentado a lo largo de los siglos y hoy nos invita a hacerlo también. Para ello revisemos el Credo.

Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra. En el Credo confesamos que la vida es fruto de la continua acción creadora de Dios. Contemplemos la creación. Contemplemos la acción dde Dios. Acojamos la vida, vida que nos es dada gratuitamente, en cada instante, vida que nace del amor infinito de Dios. No estamos solos, no somos fruto del azar, nuestro destino no es la nada. Vivimos en las manos amorosas del Padre. Jesús nos ha revelado que Dios es Abba y que es padre nuestro, padre de todos. Acojamos y contemplemos. La fe es contemplar.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Dios Padre nos ha regalado a su Hijo. En Él, nacido como uno de tantos, hemos visto el rostro de la misericordia infinita. Él es, para siempre, Dios con nosotros. Jesús nos ha descubierto, con su palabra y con su vida, como es Dios. Es como el Buen Pastor en busca de la oveja perdida, es como el padre bueno de la parábola del Hijo pródigo, es como el buen samaritano. Con su vida, fiel hasta la muerte, Jesús nos ha revelado el amor increíblemente fiel de Dios, que es Padre y Madre. Escuchemos y veamos. La fe es ver y escuchar a Jesús.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. El Espíritu que desde el principio hizo posible la vida. El Espíritu que impulsó la vida de Jesús y que hizo posible el nacimiento de la Iglesia. El Espíritu que anima nuestra vida y nos impulsa hacia la belleza y la bondad. El Espíritu que enciende en nosotros lafe, el amor y la esperanza. El Espíritu que nos llama a ser discípulos y testigos de Jesús.

Desde el principio de los tiempos, con la palabra Dios, el ser humano ha querido designar la realidad primera y fundante de todo lo bueno y bello que existe. Algunos pueblos antiguos pensaban que eran dioses, las grandes fuerzas de la naturaleza, los astros, todo aquello que era superior a ellos. Nosotros profesamos nuestra fe en un Dios único, porque así ha ido revelándose Dios a lo largo de la historia, tal y como lo encontramos en la primera lectura de hoy: «reconoce hoy, medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios... no hay otro».

Este Dios que es Padre, Hijo y Espíritu, espera una respuesta por nuestra parte y un seguimiento incondicional: «vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

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sábado, 18 de mayo de 2024

¡ RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO!



En un mundo cada vez más materialista y más individualista, donde el ser humano se encierra más en sí mismo y cree que lo que ocurre a su alrededor no tiene nada que ver con su vida, Pablo nos recuerda que formamos parte de un todo. Ser parte de un cuerpo es tomar conciencia de que lo que sucede en otros lugares del mundo nos afecta, que cuando otro ser humano sufre, nosotros sufrimos con las consecuencias que a él le afectan.

Las pandemias, los terremotos, las inundaciones, las guerras, nos siguen mostrando que lo queramos o no, somos un todo y formamos un cuerpo. Que todos estamos interrelacionados en este mundo y cuidar los unos de los otros no tiene excusas, ni demoras.

Estamos de acuerdo que los idiomas siempre han estado de moda por necesidades de trabajo, relaciones, comunicación, sin embargo los discípulos que recibieron el Espíritu y se posó sobre ellos, recibieron un don profético que les capacitaba para hablar a todas las gentes sobre la persona y el misterio de Jesús, con el lenguaje del corazón. Todos los escuchaban en sus propias lenguas, todos estaban capacitados para escuchar y agoger. Aprender el idioma de la ternura y del cozarón es conectar con las situaciones que vive nuestro mundo, para ser oportunidad y esperanza para muchos.

Poco a poco vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad, por eso quiero que el Espiritu me libere del vacío interior.

Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Quiero que el Espíritu me libere de la desorientación.

Apenas nos interesan ya las cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más excepticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos, pero ¿por qué no encontramos sosiego y paz; por qué nos visita tanto la tristeza?. Quiero que el Espíritu me libere de la oscuridad.

Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero... ¿vivir qué?. Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué?. Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece, apetas si hay prohibiciones y terrenos vallados. ¿Por qué queremos algo diferente?- Quiero que el Espíritu me enseñe realmente a vivir.

Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amistosos. Quiero que el Espíritu, realmente me enseñe a amar.

En nuestra vida no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no aceertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos, menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Que el Espíritu, me enseñe a creer.

Me gustaría encontrarme con hombres y ser un hombre abierto al Espíritu. Junto a ellos es fácil percibir la falta de unidad interior, el vacío y la superficialidad de nuestras vidas. Ellos son fuente de luz y vida. Aman con ternura a gente que no conocen. Dios les hace vivir en unión profunda con la creación entera.

Creyentes, no creyentes, malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo mismo que les dijo a los discípulos «reciban el Espíritu Santo”. Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce.

Espíritu Santo , ven

 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

PROTAGONISTAS USTEDES