sábado, 21 de febrero de 2026

ORACIÓN DESDE EL EVANGELIO

 


Te vas al desierto, Señor, apagas los ruidos externos y te oyes por dentro. Te descubres en paz, sin añadidos ni artificios. Pero al rato aparecen voces que quieren perturbarte, encandilarte y hasta atraerte. Son voces que te quieren poderoso, con recursos necesarios y sin grandes problemas que solventar. Son voces atractivas, hasta con pinceladas de humor: tan poderoso que, cayendo por un gran precipicio, te sientes rescatado y protegido. Y a cambio se te pide bien poco: vender tu libertad al maligno. Total, si otros le adoran, y parece que les va bien, por qué no lo haces Tú también. En este mundo venimos, según esas voces, para disfrutar al máximo, para comernos el mundo. Y si hay fracaso, que sea para otros. Y si hay problemas, que tengamos los mínimos. El que quiera éxito que lo tenga. El que quiera pasar desapercibido que nunca le falte de nada. El otro interesa poco, o sólo un rato. Al que tiene problemas que lo cuiden los que pueden; yo con lo mío tengo. Sólo si me sobra algo de mi disfrute le daré de lo sobrante. Señor, ¿por qué no te dejaste convencer? ¿Por qué no hiciste lo que hace todo el mundo? Creo que Tú escuchabas una voz con una frecuencia especial que te invitaba a vivir de otra manera. Una voz que escuchabas cuando había silencio. Una voz que trasmite ternura, que habla de lo eterno, que sacaba de Ti lo mejor y más bello. Tus discípulos te veían ir de noche a escuchar esa voz, y cuando te lo preguntaron dijiste que era la voz del Padre. Y esa voz apagó la del maligno. Ganaste, Señor, la guerra más fuerte que emprende cada persona: la de la libertad. Ella sólo se puede entregar a Dios, que es el único que la custodia, la bendice y la multiplica. ¿Me ayudará, Señor, en esta cuaresma a recuperar algo de mi libertad perdida?

EUCARISTÍA PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO Y LECTURAS DEL I DOMINGO DE CUARESMA

 ectura


Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (2,7-9;3,1-7):

EL Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:

“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer:

«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

 

Palabra de Dios

 


Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

 

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

 

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R/.

 

V/. Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces. R/.

 

V/. Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R/.

 

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-19):

 

HERMANOS:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:

pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

 

Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo:

«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los

reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

Palabra del Señor

                                                   

jueves, 19 de febrero de 2026

CARNE O PESCADO



 Cada viernes de Cuaresma vuelve la misma pregunta:


“¿Pero el pescado no es carne?”


Y muchos creen que es una simple regla antigua sin sentido.


La abstinencia de carne no es un capricho alimenticio. Es un acto penitencial. La Iglesia nos pide no comer carne los viernes de Cuaresma porque la carne, tradicionalmente, ha sido símbolo de fiesta, abundancia y celebración.


El viernes es día de memoria: recordamos la Pasión y Muerte del Señor. No es día de banquete. Es día de sobriedad.


Por eso la Iglesia establece la abstinencia de carne, pero permite el pescado. No porque el pescado “no sea carne” biológicamente, sino porque históricamente no era considerado alimento festivo, sino más sencillo y austero.


La norma está recogida en el Código de Derecho Canónico (c. 1251), que establece la abstinencia de carne los viernes, especialmente en Cuaresma.


Pero cuidado: el sentido no es cambiar un bistec por un festín de mariscos. Si el “pescado” se convierte en lujo, ya se perdió el espíritu.


La abstinencia busca educar el corazón. Nos recuerda que el cristiano no vive solo para satisfacer deseos. Aprendemos a renunciar libremente por amor.


Como ha recordado el Papa León XIV, la penitencia cristiana no es exhibición externa, sino camino interior que nos une al sacrificio de Cristo.


La verdadera pregunta no es:

“¿Puedo comer esto o aquello?”


La pregunta es:

“¿Estoy dispuesto a ofrecer algo por Aquel que lo dio todo por mí?”


Porque el viernes no es solo un día sin carne.

Es un día para amar más.

viernes, 13 de febrero de 2026

EVANGELIO Y LECTURAS DEL VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 



Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (15,16-21):

 

SI quieres, guardarás los mandamientos

y permanecerás fiel a su voluntad.

Él te ha puesto delante fuego y agua,

extiende tu mano a lo que quieras.

Ante los hombres está la vida y la muerte,

y a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor,

fuerte es su poder y lo ve todo.

Sus ojos miran a los que le temen,

y conoce todas las obras del hombre.

A nadie obligó a ser impío,

y a nadie dio permiso para pecar.

 

Palabra de Dios



 

Salmo

Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34

 

R./ Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

 

V/. Dichoso el que, con vida intachable,

camina en la voluntad del Señor;

dichoso el que, guardando sus preceptos,

lo busca de todo corazón. R/.

 

V/. Tú promulgas tus mandatos

para que se observen exactamente.

Ojalá esté firme mi camino,

para cumplir tus decretos. R/.

 

V/. Haz bien a tu siervo: viviré

y cumpliré tus palabras;

ábreme los ojos, y contemplaré

las maravillas de tu ley. R/.

 

V/. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,

y lo seguiré puntualmente;

enséñame a cumplir tu ley

y a guardarla de todo corazón. R/.

 

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,6-10):

 

HERMANOS:

Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

 

Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):

 

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:

no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

 

Palabra del Señor