SEMANA SANTA
No hace mucho le preguntaban a alguien, cómo iba a celebrar la semana santa. El hombre atónito, contestaba diciendo «Semana ¿de qué?». Y es probable que así sea incluso para muchos de los que nos consideramos cristianos: ¿cómo manejamos nuestra semana mayor?: ¿procesiones folclóricas o culturales, pero no cultuales?, ¿Inauguración de la semana playera con baño incluído?, ¿Semana de viaje con relax y todo incluído?.. ¿Cómo es nuestra semana santa?
Vivimos en una sociedad en la que prima cada vez más la descristianización, la secularización... donde lo religioso lo relegamos cada vez más al trastero de nuestro corazón, pero que sin embargo cuando se aproxima esta semana, en especial los tres últimos días, nuestros templos se llenan a reventar. Incluso algunos con sus garrafas de agua por si alguna gota del «agua del Señor que sanó nuestra enfermedad, sí, el agua del Señor Jesús..»cae en la nuestra.
Igual somos como los judíos. Nosotros durante todo el año estamos diciendo ¡crucifícalo, crucifícalo! Y en esta semana nos unimos a los hebreos para cantar el hosamna y levantar nuestros ramos de olivo en señal de triunfo.
Sea como fuere, creo que es una semana para apostar por las nuevas oportunidades. Los hebreos solo tuvieron una, cuando pasó el Señor Jesús por aquellas calles, pero para muchos no pasó por su corazón. Como nos pasa a nosotros: a veces nos quedamos con lo superficial de los acontecimientos ( procesiones, lavatorio de los pies, luces en la noche del sábado..) pero desperdiciamos el paso por nuestro corazón del crucificado.
Un crucificado coherente con su vida que a lo largo de toda la cuaresma nos ha invitado a la conversión. A limpiar nuestro corazón para que él pueda hacerse un hueco en nuestra vida. No es fácil y más en los tiempos que corremos, pero no es imposible. Da la impresión que sacamos a Jesús del trastero de nuestra vida, solamente en esta semana. Él quiere, pide y lucha para estar con nosotros, a nuestro lado, a ayudarnos a llevar nuestras cruces diarias, a compartir sufrimientos y alegrías. El camina con nosotros, nos acompaña en los avatares diarios y muchas veces no queremos verlo, porque su exigencia no concuerda con la vida placentera que nosotros llevamos.
Ojalá que la semana, sea eso: santal. No me gustaría que fuésemos falsos beatos, sino llevar consecuentemente nuestro bautismo y llevarlo a pesar de tantas y tantas oportunidades contrarias que nos puedan ofrecer; de tantas y tantas cruces que la vida nos va poniendo en el camino, pero que sabemos que nuestra vida no se queda en la cruz, sino que va más allá. Ojalá que ese camino que hemos comenzado en el miércoles de ceniza, sea un camino que nos conforta con los pasos que vamos dando en esta semana santa.
A todos, feliz semana santa.






