sábado, 9 de mayo de 2026
ORACIÓN DESDE EL EVANGELIO FIN DE SEMANA
Recibo, Señor, con agradado y responsabilidad la invitación de tu apóstol Pedro: Glorifiquen a Dios en sus corazones y estén dispuestos con prontitud a dar razón de su esperanza a quien la pida. No tengo, Señor, sino motivos para alabarte y glorificarte. Lo hago desde el convencimiento continuado de tu protección constante, de tu amor sin fisuras, y de esa misericordia que arregla tantas averías de la vida. Y quiero desde este convencimiento personal que otras personas te conozcan, te disfruten, y encuentren contigo sentido a sus vidas. Me pides que lo haga con mansedumbre y con elegancia, sin polémicas innecesarias, sin posturas agresivas, aunque sin renunciar a la verdad. Reconozco, Señor, que no siempre lo sé hacer, manteniendo el tipo y usando un talante adecuado y constructivo. Habla tu apóstol en tu nombre de que es mejor padecer haciendo el bien y nunca haciendo el mal. No siempre estoy calmado ante las injusticias y sereno ante las mentiras. Oigo tantos mensajes interesados y llenos de odio que tengo la tentación de responder en la refriega con el mismo tono y la misma contundencia; sería entonces un acto de desahogo, pero no de inteligencia. No nos dejes desamparados, Maestro bueno, sino asístenos siempre con el Espíritu de la verdad. Que Él nos dé constancia en la dificultes, madurez en los conflictos, fortaleza para pasar página en las refriegas tenidas, inteligencia emocional, capacidad de compasión ante el dolor humano, y un botiquín de misericordia ante los que aparecen heridos y maltratados. Que te ame guardando tu palabra y aguardando tu consuelo. Sigue viniendo a nosotros, Señor.
viernes, 8 de mayo de 2026
EVANGELIO Y LECTURAS DEL VI DOMINGO DE PASCUA
EVANGELIO Y LECTURAS DEL VI DOMINGO DE PASCUA
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,5-8.14-17):
EN aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les
predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía
Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban
viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y
muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando
los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había
recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta
allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no
había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor
Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 65,1-3a.4-5.6-7a.16.20
R/. Aclamad al Señor, tierra entera
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.
Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.
Con su poder gobierna eternamente. R/.
Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san
Pedro (3,1.15-18):
QUERIDOS hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones,
dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de
vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena
conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan
contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere
Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para
siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios.
Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.
Palabra de Dios
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,15-21):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré
al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu
de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce;
vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá,
pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis
que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis
mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Palabra del Señor











