domingo, 12 de abril de 2026
sábado, 11 de abril de 2026
CATEQUESIS DE PREPARACIÓN DEL MATRIMONIO
Hoy, 11 de abril, un grupo de parejas ha participado en la catequesis de preparación para el sacramento del matrimonio, reuniéndose junto a sus monitores en la parroquia de la Santísima Trinidad del Tablero.
Ha sido un hermoso espacio de encuentro, formación y diálogo, vivido en un ambiente de cercanía, ilusión y esperanza en este camino hacia el matrimonio.
FELICITAMOS A TODOS!
ORACION A LUZ DEL EVANGELIO
¿Por qué no estabas Tomás cuando todos se reunieron? En el Huerto de los olivos huiste como todos. Pero al volver fuiste el último y casi empujado por el resto. Tal vez seas de esas personas a las que le duran demasiado las heridas de la vida, y les gusta regodearse con los desencantos; los cuentan muchas veces, lo vomitan por todas las esquinas. Cuántas personas hemos conocidos en nuestras comunidades cristianas que con el tiempo han desaparecido, incluso algunas habiendo realizado tareas de servicio. Algo les dañó el corazón, perdieron el entusiasmo, y cuando se les saca el tema responden con dolor manifiesto. Pero Tú esperas por todos, en especial por tantos bautizados que andan dispersos, confundidos, maleados, sin conocerte de veras.
Los que hemos experimentado la soberbia en la vida, sabemos lo peligrosa que es, lo que daña el entendimiento y lo que endurece el corazón. En esos momentos todo lo vemos oscuro, y todo lo interpretamos con negatividad, y rabia.
Creo, Señor, que cuando los discípulos lograron convencer a Tomás para que volviera, ya Tú, de manera misteriosa, habías hecho un trabajo previo en su corazón. Un trabajo del que no se dio cuenta, pero que fue efectiva medicina contra la soberbia que paraliza.
Dame, Señor, de forma preventiva, de esa medicina pascual, que, como vacuna, me ayude a prevenir posibles alejamientos, enfriamientos, y hasta decisiones incorrectas.
Líbrame del victimismo que me hace ver los problemas como más grandes, los roces humanos como más letales, o interpretar las cosas de manera fatalista. En previsión de esos posibles momentos ahora quiero ponerme de rodillas ante Ti, y decirte lo mismo que te dijo Tomás cuanto lo recuperaste con paciencia y amor: *Señor mío, y Dios mío.*HIGINIO
viernes, 10 de abril de 2026
COMPARTIENDO JUNTOS.
NADA DE MIEDO
Terminamos
este domingo la Octava de Pascua. Y lo hacemos con un panorama nada
satisfactorio: con puertas cerradas y con miedo. No solamente los primeros
cristianos, sino muchas veces también nosotros. Y esa cerrazón, quizás venga
muchas veces, porque la gente de la calle, la de a pié, no entiende nuestro
lenguaje, nuestra jerga, nuestro vocabulario. Como nosotros no entendemos
muchas veces el de la gente jóven. Toda esta semana hemos estado hablando de
resurrección y mucha gente (incluso cristianos de pura cepa) no entiende ese
lenguaje.
Cuando
Jesús se encuentra con los discípulos miedosos, es curioso cómo no les reprocha
nada, sino que la paz es Dios mismo que nos invita a un compromiso valiente,
que nos quita el miedo y nos empuja a salir de las dificultades; que demuestra
que Dios está a nuestro lado y que el mal y la muerte no tienen la última
palabra.
Pero
a su vez les, nos da el espíritu del perdón, espíritu que sigue creando vida.
Espíritu que sigue soplando sobre nosotros y nos hace portadores de vida,
porque cuando perdonamos llevamos al otro una nueva vida El perdón es
creatividad y nueva creación de Dios.
Pero Tomás se siente torpe y pasivo ante su amigo Jesús, no
estaba en la comunidad; se siente culpable de lo que podía haber hecho y no
hizo; siente que con Jesús muere el amigo y el mundo creado en su entorno: la
vida en la que él había puesto toda su confianza.
Jesús invita a Tomás a meter la mano en
su costado, que quiere pruebas del milagro. Como si Jesús se prestara gustoso a
sus condiciones, pero le confunde. No se nos dice que Tomás metiera la
mano en el costado de Jesús, sino que creyó, porque son mucho más importantes y
eficaces para creer, el afecto y la condescendencia de Jesús que las pruebas
objetivas. Lo que sana su tozudez y excepticismo, no son las llagas, sino la
actitud de Jesús de dirigirse personalmente a él y afrontarle en su sintonía
Las llagas de Jesús demuestran su
realidad, su vulnerabilidad, no es un fantasma. Nosotros borramos las heridas
del tipo que sean para no recordar los momentos traumáticos que las han
producido. Jesús las mantiene, aunque le recuerden la humillación y el
sufrimiento, porque son signos de amor y reconciliación para los discípulos. No
cambian el pasado, pero sí el futuro
Sus heridas curadas dejan
cicatriz, pero no rezuman amargura, sino luz. Perdonar no es olvidar, sino
recordar de otra manera. Es difícil, olvidar ciertas cosas de nuestra vida,
además no debemos olvidarlas, pero lo que nos constituye como personas reconciliadas
es cómo sentimos y tenemos curados en nuestra memoria esos hechos sangrantes de
nuestra vida. Necesitamos recordar para saber quienes somos, pero hacerlo de
manera sana, reconciliada en nosotros.
Tenemos que recuperar sin miedo
nuestra propia jerga: cuidar los espacios de oración, las enseñanzas del
Magisterio de la Iglesia que nos han iluminado a lo largo de la historia,
compartir el pan de la Eucaristía, acordarnos de los que más lo necesitan...
eso es lo que hacían los primeros Apóstoles, pero ¿nosotros?
EVANGELIO Y LECTURAS DEL II DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles (2,42-47):
Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían
muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en
común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la
necesidad de cada uno.
Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo
espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y
sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y
día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 117,2-4.13-15.22-24
R/. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san
Pedro (1,3-9):
Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un
Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que
el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria
y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin
contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y
radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan
(20,19-31):
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los
discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también
os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan
retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con
ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto
el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo
creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y
Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y
dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela
en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que
crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro,
hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que
creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis
vida en su nombre.
Palabra del Señor






