sábado, 17 de octubre de 2026

EUCARISTIA DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Oración desde la luz del evangelio



 Señor, enséñame a distinguir tu moneda, y a no comerciar con ella. Tu moneda es el buen nombre de las personas, y nunca se me permite devaluarlo ni mancharlo. Tu moneda es la vida de los inocentes, y esa vida tengo que defenderla y hacerla digna. Tu moneda son los empobrecidos, y tengo que contribuir a ayudarlos de forma organizada y eficaz. Tu moneda es la familia y tengo que hacer lo que esté en mis manos para defenderla y que no se disperse. Tu moneda son los mayores a los que tengo que tratar con respeto, paciencia y dedicación. Tu moneda son las buenas personas que conozco y me invitas a no alejarme de ellas, cuidarlas y permitir que me corrijan cuando lo necesite. Tu moneda son los valores que me has dado y no quieres que los gaste inútilmente. Tu moneda el tiempo que puedo dedicar a los demás y que a veces distraigo en el tragaperras del tiempo perdido. Tu moneda es la naturaleza a la que tengo que contribuir a respetar con cariño y cuidado, como si fuera mi propia casa. Tu moneda la conciencia a la que no puedo empañar faltando a la verdad o a la honradez. Tu moneda es el silencio para que las palabras maduren y se cultive la vida interior. Tu moneda la limpieza en la mirada para que no se pervierta el corazón. Tu moneda a repartir son las palabras que construyen, pacifican y alientan. Tu moneda más valiosa en mis manos mi propia persona, mi cuerpo y mi alma. Y en mi persona, que es tu moneda, depositas tu mayor riqueza: Tu Cuerpo y tu Sangre. Cuando te recibo con dignidad en la Eucaristía, me siento la persona más rica y más afortunada del mundo. Que jamás pierda tu moneda, Señor, y que nunca se la entregue a nadie: sólo a Ti.

PROGRAMA DE LAS FIESTAS 2026

 



INICIO FIESTA SAN RAFAEL 2026

 


Evangelio y Lecturas del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

 


Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (45,1.4-6):

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Palabra de Dios



Salmo

Sal 95,1.3.4-5.7-8.9-10a.10e

R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,1-5b):

Pablo, Silvano y Tirnoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordarnos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios



Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra del Señor