sábado, 30 de mayo de 2026

EL SEÑOR LO SENTÓ CON LOS PRINCIPES DE SU PUEBLO

Don Higinio Canónigo de la catedral Santa Ana

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ORACIÓN DESDE EL EVANGELIO. HIGINIO

 


Hoy, Señor, quiero decirte que me siento feliz por creer en Ti. No eres una vana ilusión, ni un producto de mi imaginación. Eres presencia y gracia, descanso y consuelo, denuncia de mis mediocridades y maldades, animador de mis proyectos humanos. Reconozco que en ocasiones te he utilizado, y que me relaciono contigo más cuando necesito algo que cuando creo que todo lo consigo por mi mismo. Eres tan discreto y comprensivo que, cuando me subo demasiado, esperas que se apacigüe mi insensatez, y cuando me escondo o me alejo esperas mi vuelta. Hay sucesos en mi vida que he interpretado como castigo. Tal vez hayan sido avisos, porque tu pedagogía no es castigar. Me conoces por dentro porque, en acuerdo con el Padre eterno, te hiciste ser humano.  Me acompañas de manera discreta porque el Espíritu regalado siempre me busca y me trabaja por dentro. Eres el Dios discreto que permites que te silencien, que te nieguen, incluso te ridiculicen. Te duele todo dolor humano sobre todo el que se hace con injusticia y prepotencia. Cuidas de todos, y en todas las cosas. De manera discreta en nuestro interior nos educas para el bien. Nos hiciste para ti, y no descansas hasta que nos descansemos en Ti. Nunca te cansas de amar, nunca sale de tu boca eso de: “se me acabó el amor.” El amor en Ti no acaba. Es tu esencia como Trinidad, y de tal manera se desborda que acoge a toda la humanidad. No me das un amor tasado. Tu amor es especial conmigo y con todos. Amor que conoce, que comprende, educa y espera. Gracias Jesús por ponerme bajo tu misterio de amor. Bendito seas siempre Padre, Hijo y Espíritu santo, Trinidad poderosa en amor y misericordia.

CANONIGO

 



Bendito sea Dios,


bendito su santo nombre.                          

               Quiero en esta mañana agradecer la deferencia de nuestro obispo don José de hacer posible, con el visto bueno del obispo auxiliar, del Cabildo Catedral y los vicarios este nombramiento. Tenía 33 años cuando don Ramón Echarren me hizo la propuesta de ser canónigo. En aquel momento hice renuncia porque no me parecía conveniente aceptar dicho cargo, que siempre ha tenido una dimensión de servicio, pero también un cierto sabor honorífico. Han pasado 30 años desde aquel momento y ahora se hace realidad. Entro como el último de la fila, hasta en puesto sobrante. No he tenido tiempo ni de tener ropa propia. La sotana que llevo y la esclavina es reciclada de uno que debía ser mi compañero en aquella época y que tomó posesión, ya fallecido, don Carmelo Rodríguez Ventura. El roquete de mi pisano don Cristóbal Pérez Rioduíguez. Llevarlos hoy es un honor y una responsabilidad.  La Catedral es la Iglesia madre de la diócesis donde se debe vivir la comunión eclesial de manera más evidente, cuidando de manera especial la liturgia que es el centro de la vida cristiana. El miércoles el santo padre León XIV en su catequesis nos invitaba cuidar la liturgia con la dignidad y respeto que merece en consonancia con el Concilio Vaticano II y de manera especial con la constitución sobre la divina liturgia.

La realidad actual de disminución de clero hace que los nombrados no podamos realizar nuestra función en todo momento por tener otras tareas a las que no podemos renunciar. Pero por ello no dejamos de tener una preocupación por el servicio a esta Iglesia Catedral a la que me comprometo a servir desde mis posibilidades. 

Agradezco a todos los que me acompañan en este día, desde familiares hasta personas venidas de distintas parroquias que me arropan esta mañana. 

Me encomiendo a santa Ana, la abuela del Señor. A San Antonio María Claret. A a los beatos sor Lorenza Díaz Bolaños, Fray Tomás Morales y Morales y Jacinto Vera Durán, que son verdaderas glorias de nuestra Iglesia diocesana.  Al Arcángel San Rafael y a san Pedo mártir de Verona, bajo cuya protección realizo mi encargo como párroco. Y sobre todo a la Madre de Dios, María Santísima, en su advocación del Pino.

Como si fuera un triduo preparatorio, la Palabra de Dios de estos días ha sido una llamada especial para mí. El miércoles el evangelio me invitaba a mirar a Jesús que no vino a ser servido sino a servir, no buscando puestos de importancia y reconocimiento.  Ayer me invitaba a decir eso de “aquí estoy  Señor para hacer tu voluntad”, en la fiesta del Jesús sacerdote. Hoy san Pedro me ha dicho que con el don recibido me ponga al servicio de los demás como administrador de la gracia de Dios. Y además el Señor me pide que su templo sea casa de oración, y que cualquier cosa que pida lo haga de tal forma que la crea ya obtenida. 

Sé que puedo contar con la oración de todos ustedes, y sepan que cuentan con la mía. Ojalá pueda poner un granito de arena más para que este templo siga siendo escuela de oración, lugar de celebración digna y hermosa, y reflejo de la vida de la diócesis, que se siente acogida, purificada, presidida y bendecida.

Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre.

NOMBRAMIENTO DE CANONIGO

EUCARISTÍA CANONIGO DE DON HIGINIO

DON HIGINIO CANONIGO DE LA CATEDRAL SANTA ANA

EUCARISTÍA SANTISIMA TRINIDAD

LECTURA DEL DOMINGO. SANTÍSIMA TRINIDAD, SOLEMNIDAD – A

 



Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (34,4b-6.8-9):

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»

Palabra de Dios



Salmo

Dn 3,52-56

R/. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R/.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R/.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.



Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (13,11-13):

Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Palabra de Dios

                                                                   


Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor



 

sábado, 23 de mayo de 2026

EVANGELIO Y LECTURAS DEL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 




Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11):

AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios



Salmo

Sal 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34

R/. Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,3b-7.12-13):

HERMANOS:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor