sábado, 25 de abril de 2026

ORACIÓN A LA LUZ DEL EVANGELIO

 


Te comparas con una puerta, Señor, siempre abierta, y por la que se puede entrar y también salir. Para que entre me invitas con paciencia y me atraes con misericordia. Una vez que la paso, me ofreces tu amistad y me revistes con tu gracia. Notas si tengo la tentación de salir, y te acercas de forma discreta, buscando el diálogo para que te cuente lo que me perturba por dentro. Cuando me marcho no me cierras la puerta, y encuentro en mi bolsillo una brújula que me indica tu dirección, y que misteriosamente has puesto, por si vuelvo. Y cuando miro hacia arriba, en medio de mis vacíos, llenos de cosas inútiles, veo siempre la puerta abierta. Y oigo una voz misteriosa que me llama por mi nombre. La oigo entre tanto bullicio que tiene la vida. ¿Me sigues conociendo, le pregunto? ¿te acuerdas quién soy? Reconozco la voz de quien me ha enviado ese mensaje, que sigue diciendo: Nunca me he olvidado de Ti. Y a veces sigo mi camino, dando por acabada la conversación, enfrascado en mis cosas. Y vuelvo a mirar, y la puerta abierta, nunca cerrada y con cadenas. Nunca me cierres la puerta, Señor. Aunque al salir dé un portazo, vuelve a abrirla y repara el daño que haya podido causar a esa puerta. Pero nunca la cierres, ni de día ni de noche. Sigue mandando mensajes, como Tú sabes hacerlo: el que sale puede entrar de nuevo, sano o con heridas. Al llega no me pides cuentas, sino que lave las ropas en la fuente del Pastor eterno.    Y si ya no tengo ni ropas, me le regarás unas nuevas. Sólo me pides una cosa, que mande mensajes en tu nombre a los de fuera, contando mi experiencia, e invitando a la fiesta, porque eres una puerta siempre abierta a la libertad humana e inmune a la soberbia. Gracias por ser hoy y siempre, no un muro, sino La Puerta.

viernes, 24 de abril de 2026

protagonistas ustedes

eucaristía lV domingo de pascua

EVANGELIO Y LECTURAS DEL IV DOMINGO DE PASCUA

 


Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,14a.36-41):

EL día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:

«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

Pedro les contestó:

«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:

«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

 

Palabra de Dios

 


Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5

 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

 

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R/.

 

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

 

Preparas una mesa ante mi,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R/.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R/.

 


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (2,20-25):

QUERIDOS hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien,

eso es una gracia de parte de Dios.

Pues para esto habéis sido llamados,

porque también Cristo padeció por vosotros,

dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado

ni encontraron engaño en su boca.

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban;

sufriendo no profería amenazas;

sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,

para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.

Pues andabais errantes como ovejas,

pero ahora os habéis convertido

al pastor y guardián de vuestras almas.

 

Palabra de Dios

 


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,1-10):

EN aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

 

Palabra del Señor



Compartiendo juntos

 


NADA DE OVEJAS. SÍ DE BUEN PASTOR

 

 

 

Vivimos en un mundo de información envolvente. Aunque no queramos, aunque queramos evitarlo, aunque cerremos nuestros oídos y evitemos la mirada, la información es la que es. Son mensajes por los anuncios de la tv, por los anuncios de las redes sociales, por los anuncios de los periódicos. Es imposible olvidarse de tantas propuestas, de todo tipo, a veces contadictorias: unas veces sugerentes y otras hirientes.

Todas piden que les prestemos atención, porque tienen un producto fantástico o un remedio a nuestras necesidades o una forma nueva de afrontar la vida. También ¿por qué no?, una nueva propuesta filosófica, política o espiritual.

El evangelio es también una propuesta. A veces lo hemos convertido en información religiosa (que no llega al fondo de las cosas, que no cambia la vida del creyente); otras veces, mucho peor en una ideología (bien, conservadora haciendo del evangelio una justificación a nuestra vida, o bien progresista viendo en la buena noticia de Jesús un mensaje rupturista y rompedor). Es verdad que Jesús motiva, propone, suscita, hace que nos planteemos nuestra vida. Pero es verdad, sobre todo, que Jesús nos enseña el fondo más profundo de nosotros mismos, nuestra condición de hijos amados de Dios.

Jesús nos guía, protege y cuida. La relación del creyente con Jesús no puede ser la relación de un discípulo (por aventajado que sea), con la de su profesor; una relación académica que se limita a profundizar o desarrollar unos conocimientos. Menos aún puede ser la relación de un militante con la de un líder político o sindical.

En el evangelio se nos propone a Jesús como maestro y se nos invita a que lo sigamos; san Juan le llama el buen pastor y lo desarrolla: un pastor que nos conoce por nuestro nombre, que nos conduce por senderos tranquilos, que nos hace descansar, que no se aprovecha de nosotros. Más aún, nos previene de los ladrones que se acercan a nosotros no para darnos vida, sino para robar y matar.

Somos discípulos tras sus huellas. Volvamos al inicio de la reflexión: en un mundo de seductoras, cautivadoras y numerosas propuestas de todo tipo, que incluyen propuestas de sentido, ¿de quién nos podemos fiar?, ¿a quién seguimos? La Palabra de Dios hoy nos recuerda que Jesús es ese buen pastor que nos conduce sin manipulación, que nos protege sin violencia, que nos hace descansar sin que perdamos nuestra identidad. Jesús nunca nos engañará, ni nos confundirá, ni nos abandonará en medio de las tormentas. ¿cuál es la relación debida con él? La del discípulo que pone sus pies en las huellas del buen pastor.

jueves, 23 de abril de 2026

Visita base area

 


Hace unos días un grupo de sacerdotes y los dos obispos hicimos una visita a la Base Aérea de Gando.

Como el próximo domingo es el Día del Buen Pastor, te invito a rezar por los sacerdotes y seminaristas, así:

"Señor, Jesús, Buen Pastor. Tu llamada sigue insistiendo, pero la respuesta no es tan generosa. Te pedimos por los que la escuchan, para que te respondan con un  AQUÍ ESTOY, porque me has llamado. Que los seminaristas sepan discernir bien y dar su SÍ. Que los sacerdotes vivan la alegría de su sacerdocio y la compartan con las comunidades. Que estés cerca de los sacerdotes que dudan, los enfermos y los mayores. 

Que la próxima visita del Papa León XIV, nos deje a todos convencidos que merece la pena seguir anunciando tu Reino". AMÉN. 

Recémosla con fe y con confianza.

Un fuerte abrazo, Miguel 

sábado, 18 de abril de 2026

ORACIÓN A LA LUZ DEL EVANGELIO. HIGINIO




 Señor, qué atrevido eres. Te metiste en una conversación entre

dos personas, heridas y decepcionadas. Me admira tu pedagogía,

tu forma de abordar los problemas, tu respeto profundo al dolor

humano. Con una simple pregunta les dejaste que se

desahogaran, que te contaran sus esperanzas frustradas, sus

ilusiones desinfladas. Esperaste con paciencia que mostraran las

heridas de su corazón. Y cuando viste una puerta abierta a la

esperanza, empezaste a llenar sus corazones con la fuerza

poderosa de tu Palabra. Tú que curaste a un ciego de nacimiento

untando su barro con tu saliva, ahora diriges el sonido de tu voz

hacia el interior oscuro de unas personas a las que el viernes

santo se les llenó de tinieblas. Y poco a poco, fue apareciendo la

luz, surgiendo un poco de esperanza. No te reconocían todavía,

pero notaban verdad en tu mensaje: una mirada nueva sobre las

escrituras antiguas. Cuando parecía que te ibas de largo, lograste

que te abrieran las puertas de su casa. Sacaron de las alforjas el

pan que les quedaba y te lo ofrecieron a Ti el primero. Era el pan

que quedaba de la pascua. Y por las palabras que pronunciaste

sobre ese pan, y por la forma en que lo partías y repartías,

terminaron reconociendo el poder de tu pascua. Y despareciste,

para encontrarte con otros, y con otros, en tantos caminos que

llevan a la desesperanza y que rozan los infiernos. Y esperas

paciente, estudiando el terreno, meditando, con el Padre Eterno

y en Santo Espíritu que te avisa, la llegada de nuevos caminantes,

y la mejor forma de abordarlos. En ese camino eterno de Emaús,

espérame también a mí y a todos, Señor, con el sonido de tu

Palabra y con tu partir el Pan.

viernes, 17 de abril de 2026

EUCARISTÍA TERCER DOMINGO DE PASCUA

Evangelio y Lecturas del III Domingo de Pascua

 


Evangelio y Lecturas del III Domingo de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,14.22-33):

EL día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios



Salmo

Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

                                        

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21):

QUERIDOS hermanos:
Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios

                                                        

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

AQUEL mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

                                                      

 

PROTAGONISTAS USTEDES 17 DE ABRIL DE 2026