sábado, 6 de junio de 2026

ORACIÓN DESDE LA LUZ DEL EVANGELIO



 *El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él.* Preciosa promesa nos has hecho Señor. Y esa promesa la convertiste en realidad en la vida de tantas personas que te han recibido. Puedo comer tu carne y beber tu sangre. Puedo hacerte mío, mientras Tú me haces tuyo. No vienes imponiéndote sino dialogando, acogiéndome, purificándome. Así como el alimento aporta vida de manera continua y sana, así recibirte aporta la verdadera vida que necesito. Cuando te recibo te das del todo, aunque yo no pueda acogerte del todo. Cuando te reservan en el sagrario me das la esperanza de que queda camino por andar juntos, y retos que asumir en tu compañía. Me gusta eso de caminar juntos; saber que en cada etapa de mi existencia tengo a Alguien a mi lado, del que me puedo fiar y del que puedo aprender. Alguien que no me fuerza, ni me desanima en mis errores, ni me corrige con saña. Alguien fuerte como Dios que eres, y Alguien débil a la vez que te dejas comer. Eres el pan de mi madurez, que me hace amar la vida y ver las cosas con tus ojos. Eres un pan que eres carne y conoces la mía. No te cansas de mí. A veces quiero caminar contigo. En otras me resisto o te impongo mi ritmo. En ocasiones no quiero caminar, y hasta he buscado otros caminos. Y Tú sigues esperando. Benditas las manos que amasan el pan en el que te haces presente. Benditos los que cuidan de tus altares, blanquean tus lienzos, los que aportan el vino, o hermosean tus calices. Benditos los que cada domingo se visten de fiesta y vienen a tu encuentro, como la cierva sedienta que busca corrientes de agua viva. Benditos los que invocan al Espíritu y pronuncian tus palabras y te permiten hacerte presente. Ojalá respondan los que llamas a esto. Que te reciba siempre como huésped bienvenido, con la piedad que mereces, con el cariño que te pueda dar mi alma. Que te reciba con la dignidad de los pobres y con el corazón lleno de adoración.

viernes, 5 de junio de 2026

EUCARITÍA DOMINGO CORPUS

eucaristía sábado 6 de junio

EVANGELIO Y LECTURAS DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO A

 



 

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (8,2-3.14b-16a):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Palabra de Dios



Salmo

Sal 147,12-13.14-15.19-20

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.



Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,16-17):

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios



Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor

 


miércoles, 3 de junio de 2026

Una marea de esperanza alzando la mirada

 



 



 


 

 


VISITA VIRGEN DEL PINO

Hoy se cumple un año de aquella bendita visita en la que descendiste de tu casa de Teror para encontrarte con tus hijos de la zona Sureste. Durante dos días permaneciste entre nosotros, en la Unidad Pastoral San Rafael Arcángel y San Pedro Mártir de Verona, derramando consuelo, fe y esperanza sobre nuestras comunidades.
¡Gracias, Madre María, por tu visita!
Ante tu presencia rezamos unidos como familia de Dios; te presentamos nuestras alegrías y preocupaciones, nuestras luchas y anhelos, y pusimos bajo tu manto protector todas nuestras intenciones.
Gracias por acompañarnos en el camino de la fe. Gracias por recordarnos que la esperanza no defrauda cuando está puesta en el Señor. Gracias por mostrarnos, con tu ternura maternal, el horizonte luminoso del Evangelio.
Aquel encuentro nos permitió descubrir el color de la esperanza y renovar nuestro compromiso de caminar como discípulos de Cristo, sostenidos por tu ejemplo y tu intercesión.
Y la Providencia ha querido que, justamente un año después de tu visita, nos dispongamos a acoger otro acontecimiento de gracia: la visita de nuestro Santo Padre, el Papa León XIV.
Con él, y guiados por tu maternal presencia, alzamos nuestra mirada hacia el Señor, fuente de toda esperanza. En tiempos de incertidumbre, queremos seguir caminando como peregrinos de la esperanza, con los ojos fijos en Cristo y el corazón abierto a su voluntad.
María, Madre de la Iglesia, sigue acompañando a tus hijos. Cúbrenos con tu manto y enséñanos a vivir siempre en la fe, la esperanza y la caridad.
¡Alcemos la mirada con esperanza!