sábado, 4 de julio de 2026
viernes, 3 de julio de 2026
Evangelio y Lecturas del XIV Domingo del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura de la profecía de Zacarías (9,9-10):
Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,9.11-13):
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor
lunes, 29 de junio de 2026
viernes, 26 de junio de 2026
jueves, 25 de junio de 2026
Evangelio y Lecturas del XIII Domingo del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (4,8-11.14-16a):
Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa.
Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?»
Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo: «Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 88,2-3.16-17.18-19
R/. Cantaré eternamente
las misericordias del Señor
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,3-4.8-11):
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,37-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»
miércoles, 24 de junio de 2026
lunes, 22 de junio de 2026
ORACIÓN FIN DE CURSO DE CATEQUISTAS
Oración para finalizar el curso de catequesis.
Señor, cuando comenzó el curso pusiste en mis manos a un grupo de personas. No las elegí. Ahora quiero recordarlos………………….. Cada rostro y cada nombre, me habla de alguien especial. Llegado este momento te los devuelvo y los pongo bajo tu cuidado. En cada sesión Tú me los ponías en mis manos. Y al terminar te los devolvía, en la espera de seguir aportando algo a sus vidas. Iba con mi pobreza, pero con mi ilusión. Llevaba unas semillas que había preparado cuidadosamente y las esparcía con delicadeza y cariño. No intentaba atraerlosa mí, sino llevarlos a Ti. No contaba cosas raras cuando hablaba de Ti, sino aquellas cosas que aprendí sobre Ti, y que con el paso del tiempo he visto que son verdad. Intentaba que mi mente, mis palabras y mi corazón funcionasen a una. Te doy gracias porque de forma misteriosa has contado conmigo. No siempre me he encontrado igual, y en ocasiones he estado hasta desanimado. Cuando he hablado de algunas cosas en tu nombre he sentido que tu palabra me cuestionaba, porque no siempre vivo del todo lo que predico. Pero reconozco que, al verme obligado a presentar esa página de tu palabra, me he sentido interpelado a vivirla mejor. Tal vez en ocasiones me he podido sentir solo. Tal vez no haya buscado el apoyo de mis hermanos, o no los haya apoyado de manera suficiente. No He querido hacer esta tarea en solitario. Es cierto que te tengo a Ti, pero también necesito de tu Iglesia, de tu familia, que es la mía. Me he encomendado a tu Madre y he sentido su cariño y protección. He intentado superar pequeños roces y desencuentros que son normales entre personas que se quieren y se apoyan. En muchas ocasiones me he planteado si debo seguir con esta tarea a la que me has llamado. Cuando me siento cansado me pregunto si Tú te sientescansado de mí Cuando me quiero justificar en la cantidad de cosas que tengo en mi vida, pienso en que Tú siempre tienes tiempo para mí. La Eucaristía, el sagrario y la mirada a la cruz han sido las gasolineras donde he recibido el combustible para seguir funcionando. El ratito de oración de cada día el aceite que hace que el motor vaya bien. Algunos hermanos el aire que ha inflado mis neumáticos. La respuesta sincera de algunas de los niños o padres la ventilación que me ha permitido respirar. Ahora tengo por delante un tiempo de merecido descanso. A nivel de fe un tiempo para Ti y para mí. Ahora quiero recibir clases particulares tuyas y que seas mi entrenador personal. El tiempo que dedicaba a la catequesis durante el curso me gustaría dedicarlas ahora a Ti, gozando contigo, sintiendo tu cariño y manifestándote el mí: Decirte que te quiero, que te necesito, que no me abandones y que me ilumines. Sigo teniendo mi trabajo, mi familia, mis ocupaciones. Sigo teniendo a esta mi Iglesia que es tu familia y la mía. Cuídame, Señor, como Tú sólo sabes hacerlo. Cura las heridas que pueda tener mi alma. Ayúdame a aceptarme con paciencia, a irme conociendo cada día más. Ayúdame para que el tarro de la misericordia, que cura tantas heridas y nos hace ver con compasión a las personas, esté siempre lleno. Que sepa descubrir tus llamadas para que no se empobrezca mi vida. Que sepa descubrir que en el fondo sólo tengo lo que he dado. Que no avergüence nunca de Ti y que sepa que me rodea tu gracia y que siempre puedo contar contigo, aunque no lo merezca. Contigo siempre cuento, Señor.



