miércoles, 24 de junio de 2026
lunes, 22 de junio de 2026
ORACIÓN FIN DE CURSO DE CATEQUISTAS
Oración para finalizar el curso de catequesis.
Señor, cuando comenzó el curso pusiste en mis manos a un grupo de personas. No las elegí. Ahora quiero recordarlos………………….. Cada rostro y cada nombre, me habla de alguien especial. Llegado este momento te los devuelvo y los pongo bajo tu cuidado. En cada sesión Tú me los ponías en mis manos. Y al terminar te los devolvía, en la espera de seguir aportando algo a sus vidas. Iba con mi pobreza, pero con mi ilusión. Llevaba unas semillas que había preparado cuidadosamente y las esparcía con delicadeza y cariño. No intentaba atraerlosa mí, sino llevarlos a Ti. No contaba cosas raras cuando hablaba de Ti, sino aquellas cosas que aprendí sobre Ti, y que con el paso del tiempo he visto que son verdad. Intentaba que mi mente, mis palabras y mi corazón funcionasen a una. Te doy gracias porque de forma misteriosa has contado conmigo. No siempre me he encontrado igual, y en ocasiones he estado hasta desanimado. Cuando he hablado de algunas cosas en tu nombre he sentido que tu palabra me cuestionaba, porque no siempre vivo del todo lo que predico. Pero reconozco que, al verme obligado a presentar esa página de tu palabra, me he sentido interpelado a vivirla mejor. Tal vez en ocasiones me he podido sentir solo. Tal vez no haya buscado el apoyo de mis hermanos, o no los haya apoyado de manera suficiente. No He querido hacer esta tarea en solitario. Es cierto que te tengo a Ti, pero también necesito de tu Iglesia, de tu familia, que es la mía. Me he encomendado a tu Madre y he sentido su cariño y protección. He intentado superar pequeños roces y desencuentros que son normales entre personas que se quieren y se apoyan. En muchas ocasiones me he planteado si debo seguir con esta tarea a la que me has llamado. Cuando me siento cansado me pregunto si Tú te sientescansado de mí Cuando me quiero justificar en la cantidad de cosas que tengo en mi vida, pienso en que Tú siempre tienes tiempo para mí. La Eucaristía, el sagrario y la mirada a la cruz han sido las gasolineras donde he recibido el combustible para seguir funcionando. El ratito de oración de cada día el aceite que hace que el motor vaya bien. Algunos hermanos el aire que ha inflado mis neumáticos. La respuesta sincera de algunas de los niños o padres la ventilación que me ha permitido respirar. Ahora tengo por delante un tiempo de merecido descanso. A nivel de fe un tiempo para Ti y para mí. Ahora quiero recibir clases particulares tuyas y que seas mi entrenador personal. El tiempo que dedicaba a la catequesis durante el curso me gustaría dedicarlas ahora a Ti, gozando contigo, sintiendo tu cariño y manifestándote el mí: Decirte que te quiero, que te necesito, que no me abandones y que me ilumines. Sigo teniendo mi trabajo, mi familia, mis ocupaciones. Sigo teniendo a esta mi Iglesia que es tu familia y la mía. Cuídame, Señor, como Tú sólo sabes hacerlo. Cura las heridas que pueda tener mi alma. Ayúdame a aceptarme con paciencia, a irme conociendo cada día más. Ayúdame para que el tarro de la misericordia, que cura tantas heridas y nos hace ver con compasión a las personas, esté siempre lleno. Que sepa descubrir tus llamadas para que no se empobrezca mi vida. Que sepa descubrir que en el fondo sólo tengo lo que he dado. Que no avergüence nunca de Ti y que sepa que me rodea tu gracia y que siempre puedo contar contigo, aunque no lo merezca. Contigo siempre cuento, Señor.
domingo, 21 de junio de 2026
sábado, 20 de junio de 2026
Catequesis para el matrimonio
En la catequesis para el matrimonio se reunieron 17 parejas que, en los próximos meses, recibirán el sacramento del Matrimonio.
Muchas felicidades a todos ellos por dar este hermoso paso y unir sus vidas en el amor ante Dios. Asimismo, agradecemos de corazón a los catequistas por compartir su experiencia, su testimonio y el temario preparado para acompañarlos en este camino de fe y compromiso.
¡Que el Señor bendiga abundantemente a cada una de estas parejas!
Evangelio y Lecturas del XII Domingo del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):
Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié.» A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 68,8-10.14.17.33-35
R/. Que me escuche tu gran bondad, Señor
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-15):
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir, Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,26-33):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»
Palabra del Señor




