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jueves, 2 de enero de 2020

¡FÉLIZ AÑO NUEVO!


Comienza un nuevo año. Lo pongo en tus manos, Señor.
Tú, Padre amoroso, que velas por mí y estás por encima de los límites del tiempo y del espacio, sabes lo que necesitaré en este año que inicia. Me abandono a tu misericordia, a tu providencia. Que sea lo que Tú dispongas, Señor.
 Aumenta mi fe, que sea capaz de descubrir tu presencia a mi lado. No permitas que nada me separe de Ti. Dame fortaleza y perseverancia en las pruebas, y ayúdame cada día a recordar que nunca sucederá nada que Tú y yo juntos, no podamos superar.
 LÍbrame de la indiferencia. Hazme sensible a las necesidades de los demás, y muéveme no sólo a orar, a interceder por ellos, sino a realizar acciones concretas en beneficio suyo.
Ayúdame a no ser avaro ni desperdiciado con mi tiempo, con mis dones. Enséñame a darme a los demás, a comprender que sólo vale la pena lo que se hace por los demás. Enséñame a salir de mí mismo para ir al encuentro de mis hermanos, sin prejuicios, sin retórica. Simplemente como Tú, con la mano extendida y el corazón abierto. Pero líbrame de la vanidad, de creerme bueno, de sentirme satisfecho. No dejes que me paralice la inercia, el orgullo, la complacencia. No dejes de inquietarme, de ponerme en movimiento, de lanzarme contigo a construir tu reino de paz, amor y justicia.
 Enséñame a mantenerme sencillo y alegre, a ser verdaderamente testigo tuyo en mi mundo. Ayúdame a desprenderme de todo lo que me estorba para seguirte, líbrame de lo que me hace tropezar, de lo que me pesa: de mis rencores, mis egoísmos, mis orgullos, mis miserias, mis apegos.
 Enséñame a ser paciente, comprensivo, dulce, a perdonar a los otros, a acogerlos en mi corazón. Enséñame a amar como amas Tú.
 Quiero descubrirte en cada día de este año que empieza, y ayudar a que otros te descubran también. Señor, que cuando me busquen a mí, te encuentren siempre a Ti.
 Amén.


viernes, 23 de diciembre de 2016

EL PAPA FRANCISCO EXPLICA LO QUE DEBE EXPRESAR LOS REGALOS DE NAVIDAD

En su saludo por Navidad a los trabajadores de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano este jueves en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco explicó el simbolismo de los regalos que habitualmente las personas se obsequian en Navidad, además de reflexionar sobre el trabajo y la apertura que se debe vivir a la gracia de Dios.
En sus palabras a los dependientes del Vaticano y sus familiares presentes, el Santo Padre expresó su deseo de “agradecer con ustedes al Señor por todos sus dones. Porque es cierto que en estos días se piensa en los regalos de Navidad, pero en realidad quien hace el verdadero regalo es Él, nuestro Padre, que nos dona a Jesús”.

“Y nuestros regalos, esta bella tradición de intercambiar dones, debería expresar justamente esto: ser un reflejo del único don que es su Hijo hecho hombre y nacido de la Virgen María”.

El Papa agradeció también al Señor por el don del trabajo que es “importantísimo ya sea para la misma persona que trabaja así como para su familia. Y mientras agradecemos, rezamos por las personas y las familias en Italia y en todo el mundo, que no tienen trabajo, o que muchas veces hacen trabajos no dignos, mal pagados, dañinos para la salud… debemos siempre agradecer a Dios por el trabajo”.
El Pontífice alentó a que cada uno contribuya a hacer que el trabajo “sea digno, respetuoso de la persona y de la familia, que sea justo”, alentando a seguir “las directivas de la Doctrina Social de la Iglesia”.
Francisco agradeció a cada uno por su trabajo en el Vaticano y exhortó a mejorar siempre reconociendo los propios límites, para luego recordar el recientemente culminado Año Santo de la Misericordia.
“El Señor este año ha desbordado sobre nosotros su misericordia. ¿Y toda esta gracia ha concluido con el fin del Jubileo? ¡No! Esta gracia está dentro de nosotros, porque nosotros debemos hacerla fructificar en la vida de cada día, ya sea en familia o en el trabajo o en todo lugar”. “La Navidad nos lo recuerda”, resaltó el Papa.
Es importante por ello abrirse a la gracia de Dios “recibido en el Bautismo y en la Confirmación, pero debemos invocarlo cada día, despertar la acción del Espíritu en nosotros, para ‘vivir en este mundo’ – también en este pequeño mundo del Vaticano – ‘con sobriedad, justicia y piedad’”.

Para concluir, el Santo Padre hizo votos para que “el Señor los bendiga y la Virgen los proteja. Y ante el pesebre, acuérdense de rezar por mí”.

FELIZ NAVIDAD!!!!


viernes, 3 de julio de 2015

LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

El actor John Barrymoore solía decir: "la felicidad a menudo se cuela por una puerta que inadvertidamente hemos dejado abierta".

Ello implica que, en muchas ocasiones, la gente no conoce, no ve, o no deja entrar a la felicidad en su vida.
Y lo triste es que la vida pasa rápidamente, y cuando menos se lo imagina, han trascurrido muchos años desperdiciados por la amargura y la falta de cariño.

La felicidad no es el resultado de fórmulas o de recetas, aunque podemos seguir el buen ejemplo de ciertos individuos cuyos testimonios revelan que fueron felices.

Dentro de las características que tienen aquellos que alcanzaron la felicidad se encuentra la capacidad de servir al prójimo.

Es decir son más felices aquellos que deciden obrar en bien de sus semejantes que aquellos que lo exigen todo para sí mismos.

Y es que el egoísmo es una de las principales causas de insatisfacción e infelicidad.

Un hermoso ejemplo de servicio lo tenemos en la naturaleza. Dentro de ella todo, con excepción del ser humano, vive para servir a otros.

El agua, el aire, la luz del sol, las plantas etc., tienen una intrínseca ley de servicio al prójimo. No obstante, el aprecio no debe ser exclusivo de los demás.

 Usted tiene el mismo valor que su prójimo.

¡Entonces haga algo en favor de usted mismo! ¡Sí! Mejore su salud, desarrolle sus capacidades intelectuales, aprenda un nuevo oficio, etc.

En verdad, al mejorar en los distintos aspectos de su vida se sentirá mucho mejor. Recuerde que nadie es feliz solo.


Luche por hacer feliz a otra persona y logrará grandes avances en “la búsqueda de la felicidad”.   

domingo, 11 de mayo de 2014

LA FELICIDAD ESTÁ A 4 PASOS




LA FELICIDAD ESTÁ A CUATRO PASOS

Muchas veces decimos que un sitio "está a cuatro pasos" para indicar que está muy cerca. Pues bien, amigos, la felicidad está a cuatro pasos. Todos buscamos la felicidad, pero no somos conscientes de que en realidad, puede estar mucho más cerca de lo que pensamos. Además, una vez encontrada, no será algo efímero, sino que puede ser permanente. Entonces, ¿cuáles son esos cuatro pasos para alcanzar la felicidad?


1.- MANTENER LA FE.

La fe es aceptar lo imposible, arreglárselas sin lo indispensable y sobrellevar lo intolerable.

La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible.

La fe es ociosa cuando las circunstancias son favorables; es únicamente ante la adversidad cuando ejercitamos nuestra fe en Dios.

La fe, igual que un músculo, se vuelve fuerte y flexible con el ejercicio.

Nunca aprenderemos a tener más fe mientras estemos rodeados de comodidades.

Las victorias más grandes son las victorias de la fe.

Lo que cuenta no es tanto lo que podemos hacer, sino lo que podemos creer que Dios hará.

La fe acaba donde comienza la preocupación y la preocupación acaba donde comienza la fe.


2.- PERSEVERAR EN LA ORACIÓN

Nadie puede vivir con dudas si ha orado con fe.

Dios no concede giros cuando no hay depósitos.

Para alcanzar una elevada estatura espiritual, antes hay que aprender a arrodillarse.

Cuando recibes el pan de cada día por el cual siempre oras, no te quejes de que no sea un pastel.

Alguna gente dice que el Cielo queda muy lejos. Los que están destinados a él sólo necesitan unas pocas palabras para llegar.

Tal vez nuestros problemas serían mayores, si Dios respondiera todas nuestras oraciones.


3.- LLENARNOS DE PAZ

La paz no se hace en las mesas de negociaciones ni con tratados, sino en los corazones de los hombres.

Cuando Cristo es Señor de la mente, la paz es señora del día.

La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento y malentendido.

Si tenemos paz en nuestras almas, nada nos afectará.

La paz no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de Dios, sea cual sea el conflicto.


4.- DISFRUTAR DE LA FELICIDAD

La felicidad no se encuentra ni dentro ni fuera de nosotros, sino que es fruto de nuestra comunión con Dios.

Estar felices con lo que tenemos es la mayor de todas las riquezas.

La diferencia entre los placeres espirituales y los terrenales es tan grande como la que existe entre un banquete del que uno disfruta y uno retratado sobre un muro.

Hay dos maneras de ser rico: una es tener todo lo que uno quiere y la otra es estar satisfecho con lo que uno tiene.

Seremos más felices si damos a los demás un pedacito de nuestro corazón, en lugar de un producto de nuestra mente.

Nuestro corazón es más feliz cuando late por los demás.