lunes, 26 de febrero de 2024

Oración con el evangelio de este segundo domingo de cuaresma.

 


Oración con el evangelio de este segundo domingo de cuaresma.

A la montaña me llevas tal vez empujándome. Me siento en ocasiones tan cansado y desanimado que me gustaría seguir en este barranco del desánimo y la apatía. Sigue subiendo, me dices. Y yo te pregunto, ¿qué voy a encontrar en la montaña? Me has llevado otras veces, he bajado animado, y con el paso del tiempo vuelvo a sentir que me falta fuelle. El desgaste de la vida me aminora las fuerzas. Y, entonces, te vuelvo a escuchar, casi empujándome, sigue subiendo. Y te hago caso y subo, sudoroso y con falta de aliento. Y vuelvo en esa montaña a experimentar tu rostro, a saborear tu presencia, y al final a no querer bajar de ella. Qué bella es la vida cuando me abres los ojos y me dejas ver un rayo de tu presencia. Qué bella es la vida cuando experimento que tiene sentido todo compromiso y sufrimiento. Que bella es la vida cuando miro mis cicatrices y ya no nos duelen tanto como antes. La montaña del encuentro contigo me aporta alas de eternidad y llena mi corazón de alegría y de paz. Pero tengo que bajar de nuevo con las pilas recargadas, aunque, eso sí, cada vez más humilde, y más consciente de mis limitaciones. Pero también asumo la vida con más sosiego y más paz, con propósitos más concretos y asumiendo la parte de insatisfacción que la vida tiene. Y, así, comprendo que esta tierra que amo nunca es el cielo que todavía se hace esperar, y que en esta vida aspiro al cielo al que con tu gracia un día quiero alcanzar. Y te pones de nuevo delante abriendo el camino. Cuando subo al monte me empujas, me das la mano. Cuando bajo del monte me acompañas. Y ahora te pones delante, abriendo camino, quitando malezas, señalando el horizonte, con un sueve golpe de tu santo cayado que me orienta y me serena en medio de la oscuridad.

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