Hoy, Señor, quiero decirte que me siento feliz por creer en Ti. No eres una vana ilusión, ni un producto de mi imaginación. Eres presencia y gracia, descanso y consuelo, denuncia de mis mediocridades y maldades, animador de mis proyectos humanos. Reconozco que en ocasiones te he utilizado, y que me relaciono contigo más cuando necesito algo que cuando creo que todo lo consigo por mi mismo. Eres tan discreto y comprensivo que, cuando me subo demasiado, esperas que se apacigüe mi insensatez, y cuando me escondo o me alejo esperas mi vuelta. Hay sucesos en mi vida que he interpretado como castigo. Tal vez hayan sido avisos, porque tu pedagogía no es castigar. Me conoces por dentro porque, en acuerdo con el Padre eterno, te hiciste ser humano. Me acompañas de manera discreta porque el Espíritu regalado siempre me busca y me trabaja por dentro. Eres el Dios discreto que permites que te silencien, que te nieguen, incluso te ridiculicen. Te duele todo dolor humano sobre todo el que se hace con injusticia y prepotencia. Cuidas de todos, y en todas las cosas. De manera discreta en nuestro interior nos educas para el bien. Nos hiciste para ti, y no descansas hasta que nos descansemos en Ti. Nunca te cansas de amar, nunca sale de tu boca eso de: “se me acabó el amor.” El amor en Ti no acaba. Es tu esencia como Trinidad, y de tal manera se desborda que acoge a toda la humanidad. No me das un amor tasado. Tu amor es especial conmigo y con todos. Amor que conoce, que comprende, educa y espera. Gracias Jesús por ponerme bajo tu misterio de amor. Bendito seas siempre Padre, Hijo y Espíritu santo, Trinidad poderosa en amor y misericordia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu opinión es importante.
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.