viernes, 24 de abril de 2026

Compartiendo juntos

 


NADA DE OVEJAS. SÍ DE BUEN PASTOR

 

 

 

Vivimos en un mundo de información envolvente. Aunque no queramos, aunque queramos evitarlo, aunque cerremos nuestros oídos y evitemos la mirada, la información es la que es. Son mensajes por los anuncios de la tv, por los anuncios de las redes sociales, por los anuncios de los periódicos. Es imposible olvidarse de tantas propuestas, de todo tipo, a veces contadictorias: unas veces sugerentes y otras hirientes.

Todas piden que les prestemos atención, porque tienen un producto fantástico o un remedio a nuestras necesidades o una forma nueva de afrontar la vida. También ¿por qué no?, una nueva propuesta filosófica, política o espiritual.

El evangelio es también una propuesta. A veces lo hemos convertido en información religiosa (que no llega al fondo de las cosas, que no cambia la vida del creyente); otras veces, mucho peor en una ideología (bien, conservadora haciendo del evangelio una justificación a nuestra vida, o bien progresista viendo en la buena noticia de Jesús un mensaje rupturista y rompedor). Es verdad que Jesús motiva, propone, suscita, hace que nos planteemos nuestra vida. Pero es verdad, sobre todo, que Jesús nos enseña el fondo más profundo de nosotros mismos, nuestra condición de hijos amados de Dios.

Jesús nos guía, protege y cuida. La relación del creyente con Jesús no puede ser la relación de un discípulo (por aventajado que sea), con la de su profesor; una relación académica que se limita a profundizar o desarrollar unos conocimientos. Menos aún puede ser la relación de un militante con la de un líder político o sindical.

En el evangelio se nos propone a Jesús como maestro y se nos invita a que lo sigamos; san Juan le llama el buen pastor y lo desarrolla: un pastor que nos conoce por nuestro nombre, que nos conduce por senderos tranquilos, que nos hace descansar, que no se aprovecha de nosotros. Más aún, nos previene de los ladrones que se acercan a nosotros no para darnos vida, sino para robar y matar.

Somos discípulos tras sus huellas. Volvamos al inicio de la reflexión: en un mundo de seductoras, cautivadoras y numerosas propuestas de todo tipo, que incluyen propuestas de sentido, ¿de quién nos podemos fiar?, ¿a quién seguimos? La Palabra de Dios hoy nos recuerda que Jesús es ese buen pastor que nos conduce sin manipulación, que nos protege sin violencia, que nos hace descansar sin que perdamos nuestra identidad. Jesús nunca nos engañará, ni nos confundirá, ni nos abandonará en medio de las tormentas. ¿cuál es la relación debida con él? La del discípulo que pone sus pies en las huellas del buen pastor.

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