sábado, 18 de abril de 2026

ORACIÓN A LA LUZ DEL EVANGELIO. HIGINIO




 Señor, qué atrevido eres. Te metiste en una conversación entre

dos personas, heridas y decepcionadas. Me admira tu pedagogía,

tu forma de abordar los problemas, tu respeto profundo al dolor

humano. Con una simple pregunta les dejaste que se

desahogaran, que te contaran sus esperanzas frustradas, sus

ilusiones desinfladas. Esperaste con paciencia que mostraran las

heridas de su corazón. Y cuando viste una puerta abierta a la

esperanza, empezaste a llenar sus corazones con la fuerza

poderosa de tu Palabra. Tú que curaste a un ciego de nacimiento

untando su barro con tu saliva, ahora diriges el sonido de tu voz

hacia el interior oscuro de unas personas a las que el viernes

santo se les llenó de tinieblas. Y poco a poco, fue apareciendo la

luz, surgiendo un poco de esperanza. No te reconocían todavía,

pero notaban verdad en tu mensaje: una mirada nueva sobre las

escrituras antiguas. Cuando parecía que te ibas de largo, lograste

que te abrieran las puertas de su casa. Sacaron de las alforjas el

pan que les quedaba y te lo ofrecieron a Ti el primero. Era el pan

que quedaba de la pascua. Y por las palabras que pronunciaste

sobre ese pan, y por la forma en que lo partías y repartías,

terminaron reconociendo el poder de tu pascua. Y despareciste,

para encontrarte con otros, y con otros, en tantos caminos que

llevan a la desesperanza y que rozan los infiernos. Y esperas

paciente, estudiando el terreno, meditando, con el Padre Eterno

y en Santo Espíritu que te avisa, la llegada de nuevos caminantes,

y la mejor forma de abordarlos. En ese camino eterno de Emaús,

espérame también a mí y a todos, Señor, con el sonido de tu

Palabra y con tu partir el Pan.

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