Hoy se cumple un año de aquella bendita visita en la que descendiste de tu casa de Teror para encontrarte con tus hijos de la zona Sureste. Durante dos días permaneciste entre nosotros, en la Unidad Pastoral San Rafael Arcángel y San Pedro Mártir de Verona, derramando consuelo, fe y esperanza sobre nuestras comunidades.
¡Gracias, Madre María, por tu visita!
Ante tu presencia rezamos unidos como familia de Dios; te presentamos nuestras alegrías y preocupaciones, nuestras luchas y anhelos, y pusimos bajo tu manto protector todas nuestras intenciones.
Gracias por acompañarnos en el camino de la fe. Gracias por recordarnos que la esperanza no defrauda cuando está puesta en el Señor. Gracias por mostrarnos, con tu ternura maternal, el horizonte luminoso del Evangelio.
Aquel encuentro nos permitió descubrir el color de la esperanza y renovar nuestro compromiso de caminar como discípulos de Cristo, sostenidos por tu ejemplo y tu intercesión.
Y la Providencia ha querido que, justamente un año después de tu visita, nos dispongamos a acoger otro acontecimiento de gracia: la visita de nuestro Santo Padre, el Papa León XIV.
Con él, y guiados por tu maternal presencia, alzamos nuestra mirada hacia el Señor, fuente de toda esperanza. En tiempos de incertidumbre, queremos seguir caminando como peregrinos de la esperanza, con los ojos fijos en Cristo y el corazón abierto a su voluntad.
María, Madre de la Iglesia, sigue acompañando a tus hijos. Cúbrenos con tu manto y enséñanos a vivir siempre en la fe, la esperanza y la caridad.
¡Alcemos la mirada con esperanza!
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