SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
En el adviento, como en el juego de la brisca, jugamos con
tres cartas. Estas son: la memoria, la presencia y la esperanza. Avivamos el
recuerdo de lo que fue: el esperado Mesías se hizo hombre. Celebramos al Mesías
que sigue viniendo a nosotros hoy, y anhelamos el pleno encuentro con él en el
futuro.
Hoy en el centro del camino del adviento está la figura de
María, la hija de Sión, la nueva Eva. Esta fiesta nos llama a admirar el
misterio de su novedad. Con ella empieza algo realmente nuevo. En ella se estrella
la lógica del pecado, de la envejecida condición humana. Ella es la llena de
gracia, la bendita por excelencia. La elegida para ser la madre del Mesías.
Pero su santidad y su comunión con Dios no es sólo un
privilegio; es un paradigma para todos nosotros. Todos nacemos bajo la
benevolencia de Dios, afectados por la condición humana pecadora, pero
estrechamente abrazados por el Padre de las gracias. En el bautismo nos
incorporamos de lleno a la nueva vida; pertenecemos del todo a la familia del
Mesías. Iniciamos un camino de crecimiento en la relación.
¿Cómo queremos seguir viviendo las promesas de nuestro
bautismo? Ellas nos marcan el camino de la vida como una vía de crecimiento en
la santidad, es decir, en la esperanza del amor y de la fe. No estamos llamados
a quedarnos en la mediocridad y en el vacío. ¿Tengo la sensación de que no pasa
nada nuevo en mi vida cotidiana? ¿Tengo la sensación de que nadie sigue
viniendo a mi vida? ¿Cómo puedo vivir despierto? ¿Cómo dejarme sorprender como
María por la propuesta del ángel?
Hoy celebramos el día de la Patrona del Seminario Diocesano
de Canarias. Tengamos una oración especial por aquellos que en su vida han
optado por el camino del Sacerdocio.
Feliz día. Unidos en la oración. Samuel
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