Oración con el evangelio de este fin de semana.
sábado, 29 de marzo de 2025
Oración con el evangelio de este fin de semana.
Oración con el evangelio de este fin de semana.
viernes, 28 de marzo de 2025
DE PELÍCULA
Los chicos de catequesis de Testigos del Señor han vivido una catequesis de cine. Hoy se han reunido en la sala de audiovisuales para ver la película la Pasión de Cristo.
Después de disfrutarla, reunieron para comentarla y sacar puntos de reflexión.
LECTURAS Y EVANGELIO DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»
Primera Lectura
Lectura del libro de Josué (5,9a.10-12):
Palabra de Dios
Salmo
Sal 33,2-3.4-5.6-7
R/. Gustad
y ved qué bueno es el Señor
Segunda Lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo
a los Corintios (5,17-21):
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,
1-3.11-32):
Palabra
del Señor
PERDÓN, SÍ, PERDÓN
PERDÓN, SÍ, PERDÓN
La parábola del padre y los dos hijos, además de ser una obra maestra de la literatura, constituye el núcleo del Evangelio del Señor. Podríamos decir que esta parábola es el Evangelio del Evangelio. Si alguien nos pregunta qué es el cristianismo, el cristianismo es esta parábola"
"Lo central en el cristianismo es un Dios padre bueno, acogedor, perdonador siempre y con todos"
"La última palabra del Dios de Jesús (del cristianismo) es la compasión bondad, el perdón, la gracia. La realidad última y definitiva cristiana es la casa el Padre: la vida, la fiesta
Probablemente si hay una parábola famosa en el evangelio, es la que acabamos de escuchar. Estoy convencido que Jesús se rodeaba de personas que tenían muchos pecados, de personas que habían hecho cosas malas; que todo el mundo les miraba mal o que no se fijaban en ellos...por eso Jesús habla tanto del perdón, por eso sabe que un pecador arrepentido lo que más desea es sentirse perdonado, que alguien le diga que es buena persona, que tiene una segunda oportunidad para hacer el bien, para tener otra vida digna. Pero claro, en la sociedad de Jesús eso del perdón no estaba muy de moda. Estaban los «buenos oficiales», que en teoría nunca hacían nada malo y los pecadores o pecadoras que ya llevaban una mala fama, siermpre sin la posibilidad de perdón, siempre mirados mal.
La parábola del hijo pródigo nos pone delante de nosotros un camino. Un camino de alejamiento de la casa del Padre, aunque el deseo de marchar podría ser bueno, podría el de construir otra casa como la del Padre, pero el camino lo ha alejado de todo lo que debía ser, de toda la estimación que había tenido en casa, incluso se encuentra sin poder alimentarse.
Emprende el camino de vuelta. Es el mismo camino que lo había alejado. Tiene fuerzas para hacerlo porque está lleno del recuerdo del amor del Padre, ese amor que él hubiera querido vivir y que no ha encontrado y que caminando se le hace presente. El camino que lo había alejado, ahora lo acerca.
El pecado del hijo menor nos resulta hoy facilmente identificable en muchas personas que han abandonado su fe, pero no hemos de olvidarnos del hijo mayor, que “siempre ha estado en casa”, nosotros que siempre venimos a misa y somos de precepto y de cumplimiento dominical. El Padre respeta la opción equivocada de sus hijos con dolor, porque donde hay amor siempre hay sufrimiento. Sabe que la lejanía en la que se han situado sus hijos, les hace infelices.
El padre lo espera al final del camino, sale de la casa y se le echa al cuello y lo cubre de besos, de besos de perdón y de paz. Dios toma la iniciativa saliendo a buscarles. Y ni siquiera deja que le cuente todo lo que había aprendido, no sea que dijera algo que no procediera. Pero una vez en casa, deberá volver a aprender a ser como el Padre. Se ha completado el camino del penitente, el camino de la conversión. Ha vencido el camino del amor.
No les pide cuentas de lo que hacen, les ofrece el perdón de manera gratuita. Los dos hermanos son tratados con un amor espontáneo: al pequeño lo abrazó y el mayor también le llama hijo, le hace ver que lo importante es disfrutar de su amor, de su compañía, y que junto a él, todo lo tiene: «hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo»
Esta es la clave de todo:¡ ser como el Padre!. Demasiadas veces hemos aprovechado la parábola para hablar del hijo menor y no hemos puesto suficiente importancia en la cuestión de que cambiar significa volver a ser como el Padre, cuya imagen y semejanza hemos sido creados.
El arrepentimiento, el regreso a casa, es la medicina que causa la alegría del corazón. El retorno al hogar del Padre se da cuando reconocemos que nos equivocamos y pedimos perdón a traves del sacramento de la reconciliación.
Ojalá sepamos reconocer el don de Dios y conmovernos ante los rotos de la historia con la misma mirada y misericordia recibidas en nuestro propio peregrinaje personal. Poder escuchar los latidos de ese corazón divino que se conmueve ante nosotros y todas nuestras sombras; él que nos capacita para saber mirar a los otros, heridos y perdidos, dolientes de la historia, como verdaderos hermanos nuestros.
Hasta la próxima
Paco Mira
domingo, 23 de marzo de 2025
sábado, 22 de marzo de 2025
LA PACIENCIA ES UNA VIRTUD
LA PACIENCIA ES UNA VIRTUD
Que la paciencia es una virtud, eso no lo niega nadie. Y es una virtud que deberíamos valorar cada vez más, en un mundo donde la prisa es la reina de la realidad que vivimos. La ciencia y la técnica son dos palabras que en el mundo nos invitan a la prisa, a la inmediatez, a que las cosas se han de solucionar ya. Eso nos lleva, a veces, que las “prisas son malas consejeras” y casi siempre la prisa nos lleva a la equivocación.
Pero resulta que a la prisa le añadimos la ausencia de Dios. Para muchos, Dios es Alguien lejano, ajeno a los problemas del mundo, ajeno a las dificultades con las que nos encontramos, ajeno a las catástrofes que van surgiendo en el día a día. Es un problema muy viejo. Es el mismo problema que tuvo Moisés que ante las dificultades por las que estaba pasando el pueblo, le invita a que hable con Dios y le pregunte por qué. Un Moisés que había huído de Egipto preso del miedo de enfrentarse a sí mismo; es el mismo Moisés que no puede dejar de tener curiosidad por todo lo que le rodea.
A pesar de todo ello, Moisés sabe seguir escuchando que Dios le dice, «yo soy». Soy el Dios que toca la historia para hacer una historia de salvación; soy el Dios que ahora te necesito a ti para entrar en el interior de la historia sin destruirla. «ve, yo te envío», le está diciendo Dios, ante la incredulidad de Moisés. Ve, porque he oído y conozco sus sufrimientos y quiero liberarlos. Así es Dios: debemos ser libres, porque así nos ha creado. Y esa libertad es la que nos invita a ser imagen y semejanza de Dios.
Pero claro. La libertad es un arma de doble filo. No es que Dios no nos ponga las cosas fáciles. Es que el hombre ha de entender que la vida está a nuestro servicio si sabemos utilizarla. Por ello nos invita, una vez más, a la conversión, a rectificar aquello que no nos deja ser completamente libres y que es lo que Dios quiere de nosotros.
Dios siempre da más de una oportunidad, como a la higuera del evangelio. Probablemente lo más fácil era arrancar la higuera y plantar otra cosa; lo más fácil era dejar de complicarnos la vida y arrancar para otro lado; pero al dueño se le dice: dale tiempo al tiempo, ten paciencia. Si la podamos, la cuidamos, la regamos, le echamos abono, la fumigamos... igual reverdece y vuelve a tirar para arriba. Pero dale la oportunidad de poder volver a surgir.
Lo mismo hace Dios con nosotros, porque tenemos un Dios clemente y compasivo, lento a la ira y rico en piedad. ¡Mira que hacemos cosas malas en la vida!: nos matamos sin miramientos; dejamos que la gente se muera de hambre; dejamos que haya niños que no queremos que nazcan; dejamos que nuestros mayores se aburran en soledad y aburrimiento e incluso se vayan a la casa del Padre en la más de las absolutas miserias.
Pero Dios siempre vuelve su rostro y su mirada hacia nosotros y nos dice: voy a podarte. Voy a darte otra oportunidad, voy a invitarte otra cuaresma más a que te conviertas y creas que la buena noticia que predica Jesús es la que puede ayudarte a que no nos arranquen de este mundo como si pasaramos desapercibidos. No nos olvidemos que somos el sueño de Dios, hecho realidad en el mundo en el que vivimos.
Dios es paciente con nosotros, porque conoce nuestras debilidades. Es paciente con nosotros porque sabe que no siempre hacemos las cosas como debiéramos ¡qué padre no es paciente con su Hijo que no siempre hace las cosas bien!. La misericordia de Dios es infinita y es la viga maestra que sostiene o tiene que sostener la vida de la iglesia. Los pobres, los más necesitados, están llamados a ser portadores, como el atleta con la llama olímpica, de la misericordia de Dios. Nosotros, ¿somos destinatarios de ella?
Hasta la próxima
Paco Mira