sábado, 29 de marzo de 2025

Oración con el evangelio de este fin de semana.


 Oración con el evangelio de este fin de semana.

Dame un tiempo más, Señor, y no te enfades conmigo, para que crezca en sensatez. Un tiempo más para que arregle lo que se va haciendo crónico. Un tiempo más para que purifique el pensamiento y me haga menos suspicaz y desconfiado. Un tiempo más para que sea más generoso. Un tiempo más para que tenga más detalles de ternura y comprensión. Un tiempo más para que me vuelva a ilusionar como al principio de los proyectos fundamentales de mi vida. Un tiempo más para esperar por las personas, entendiendo y soportando sus tormentas. Un tiempo más para ver si encuentro tiempo para Ti. Un tiempo más para poner las cosas en orden y saber que es lo prioritario. Un tiempo más para cuidarme de verdad y escucharme por dentro. Un tiempo más para poder airear la humedad que deja dentro de mí los rencores ocultos. Un tiempo más para aceptar mis limitaciones, dejarme ayudar, y no ser tan autosuficiente.
Un tiempo más para no pedir a los demás lo que yo no estoy dispuesto a hacer. Dale permiso a tu Hijo para que me siga cavando, regando y nutriendo, para ver si doy algo más de fruto. Que no me quede en higuera frondosa y llena de hojas, sólo apariencia, pero sin frutos. Hasta en los sitos quemados por la lava, aparecen brotes verdes de plantas que se hacen resistentes y quieren dar fruto. Y yo, en condiciones mejores, no los doy tanto. Que nunca estorbe allí donde estoy, sino que sea generoso y desprendido ofreciendo lo que soy y lo que tengo. Que no me crea imprescindible y dueño de un espacio. Que no me importe ser de los últimos y servir ofreciendo mis años y mis esfuerzos.
Ojalá sepa aprovechar este tiempo que me das, que viene acompañado con el regalo de la vida y el cuidado de tu amistad.

viernes, 28 de marzo de 2025

DE PELÍCULA

 Los chicos de catequesis de Testigos del Señor han vivido una catequesis de cine. Hoy se han reunido en la sala de audiovisuales para ver la película la Pasión de Cristo.

Después de disfrutarla, reunieron para comentarla y sacar puntos de reflexión.



EUCARISTIA.IV DOMINGO DE CUARESMA.

protagonistas ustedes 28 de marzo

LECTURAS Y EVANGELIO DEL IV DOMINGO DE CUARESMA «LAETARE»

 



Primera Lectura

Lectura del libro de Josué (5,9a.10-12):

En aquellos días, dijo el Señor a Josué:
– «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto.»
Los hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.
El día siguiente a la Pascua, comieron ya de los productos de la tierra: ese día, panes ácimos y espigas tostadas.
Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Palabra de Dios



Salmo

Sal 33,2-3.4-5.6-7

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escucha y lo salvó de sus angustias. R.


Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):

Hermanos:
Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo .
Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la
reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y
ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de
de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.



Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. «
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, «
Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo:
«Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»».

Palabra del Señor

 

PERDÓN, SÍ, PERDÓN

 


PERDÓN, SÍ, PERDÓN 

La parábola del padre y los dos hijos, además de ser una obra maestra de la literatura, constituye el núcleo del Evangelio del Señor. Podríamos decir que esta parábola es el Evangelio del Evangelio. Si alguien nos pregunta qué es el cristianismo, el cristianismo es esta parábola"

"Lo central en el cristianismo es un Dios padre bueno, acogedor, perdonador siempre y con todos"

"La última palabra del Dios de Jesús (del cristianismo) es la compasión bondad, el perdón, la gracia. La realidad última y definitiva cristiana es la casa el Padre: la vida, la fiesta

Probablemente si hay una parábola famosa en el evangelio, es la que acabamos de escuchar. Estoy convencido que Jesús se rodeaba de personas que tenían muchos pecados, de personas que habían hecho cosas malas; que todo el mundo les miraba mal o que no se fijaban en ellos...por eso Jesús habla tanto del perdón, por eso sabe que un pecador arrepentido lo que más desea es sentirse perdonado, que alguien le diga que es buena persona, que tiene una segunda oportunidad para hacer el bien, para tener otra vida digna. Pero claro, en la sociedad de Jesús eso del perdón no estaba muy de moda. Estaban los «buenos oficiales», que en teoría nunca hacían nada malo y los pecadores o pecadoras que ya llevaban una mala fama, siermpre sin la posibilidad de perdón, siempre mirados mal.

La parábola del hijo pródigo nos pone delante de nosotros un camino. Un camino de alejamiento de la casa del Padre, aunque el deseo de marchar podría ser bueno, podría el de construir otra casa como la del Padre, pero el camino lo ha alejado de todo lo que debía ser, de toda la estimación que había tenido en casa, incluso se encuentra sin poder alimentarse.

Emprende el camino de vuelta. Es el mismo camino que lo había alejado. Tiene fuerzas para hacerlo porque está lleno del recuerdo del amor del Padre, ese amor que él hubiera querido vivir y que no ha encontrado y que caminando se le hace presente. El camino que lo había alejado, ahora lo acerca.

El pecado del hijo menor nos resulta hoy facilmente identificable en muchas personas que han abandonado su fe, pero no hemos de olvidarnos del hijo mayor, que “siempre ha estado en casa”, nosotros que siempre venimos a misa y somos de precepto y de cumplimiento dominical. El Padre respeta la opción equivocada de sus hijos con dolor, porque donde hay amor siempre hay sufrimiento. Sabe que la lejanía en la que se han situado sus hijos, les hace infelices.

El padre lo espera al final del camino, sale de la casa y se le echa al cuello y lo cubre de besos, de besos de perdón y de paz. Dios toma la iniciativa saliendo a buscarles. Y ni siquiera deja que le cuente todo lo que había aprendido, no sea que dijera algo que no procediera. Pero una vez en casa, deberá volver a aprender a ser como el Padre. Se ha completado el camino del penitente, el camino de la conversión. Ha vencido el camino del amor.

No les pide cuentas de lo que hacen, les ofrece el perdón de manera gratuita. Los dos hermanos son tratados con un amor espontáneo: al pequeño lo abrazó y el mayor también le llama hijo, le hace ver que lo importante es disfrutar de su amor, de su compañía, y que junto a él, todo lo tiene: «hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo»

Esta es la clave de todo:¡ ser como el Padre!. Demasiadas veces hemos aprovechado la parábola para hablar del hijo menor y no hemos puesto suficiente importancia en la cuestión de que cambiar significa volver a ser como el Padre, cuya imagen y semejanza hemos sido creados.

El arrepentimiento, el regreso a casa, es la medicina que causa la alegría del corazón. El retorno al hogar del Padre se da cuando reconocemos que nos equivocamos y pedimos perdón a traves del sacramento de la reconciliación.

Ojalá sepamos reconocer el don de Dios y conmovernos ante los rotos de la historia con la misma mirada y misericordia recibidas en nuestro propio peregrinaje personal. Poder escuchar los latidos de ese corazón divino que se conmueve ante nosotros y todas nuestras sombras; él que nos capacita para saber mirar a los otros, heridos y perdidos, dolientes de la historia, como verdaderos hermanos nuestros.

 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

sábado, 22 de marzo de 2025

LA PACIENCIA ES UNA VIRTUD

 


LA PACIENCIA ES UNA VIRTUD

 

 

Que la paciencia es una virtud, eso no lo niega nadie. Y es una virtud que deberíamos valorar cada vez más, en un mundo donde la prisa es la reina de la realidad que vivimos. La ciencia y la técnica son dos palabras que en el mundo nos invitan a la prisa, a la inmediatez, a que las cosas se han de solucionar ya. Eso nos lleva, a veces, que las “prisas son malas consejeras” y casi siempre la prisa nos lleva a la equivocación.

Pero resulta que a la prisa le añadimos la ausencia de Dios. Para muchos, Dios es Alguien lejano, ajeno a los problemas del mundo, ajeno a las dificultades con las que nos encontramos, ajeno a las catástrofes que van surgiendo en el día a día. Es un problema muy viejo. Es el mismo problema que tuvo Moisés que ante las dificultades por las que estaba pasando el pueblo, le invita a que hable con Dios y le pregunte por qué. Un Moisés que había huído de Egipto preso del miedo de enfrentarse a sí mismo; es el mismo Moisés que no puede dejar de tener curiosidad por todo lo que le rodea.

A pesar de todo ello, Moisés sabe seguir escuchando que Dios le dice, «yo soy». Soy el Dios que toca la historia para hacer una historia de salvación; soy el Dios que ahora te necesito a ti para entrar en el interior de la historia sin destruirla. «ve, yo te envío», le está diciendo Dios, ante la incredulidad de Moisés. Ve, porque he oído y conozco sus sufrimientos y quiero liberarlos. Así es Dios: debemos ser libres, porque así nos ha creado. Y esa libertad es la que nos invita a ser imagen y semejanza de Dios.

Pero claro. La libertad es un arma de doble filo. No es que Dios no nos ponga las cosas fáciles. Es que el hombre ha de entender que la vida está a nuestro servicio si sabemos utilizarla. Por ello nos invita, una vez más, a la conversión, a rectificar aquello que no nos deja ser completamente libres y que es lo que Dios quiere de nosotros.

Dios siempre da más de una oportunidad, como a la higuera del evangelio. Probablemente lo más fácil era arrancar la higuera y plantar otra cosa; lo más fácil era dejar de complicarnos la vida y arrancar para otro lado; pero al dueño se le dice: dale tiempo al tiempo, ten paciencia. Si la podamos, la cuidamos, la regamos, le echamos abono, la fumigamos... igual reverdece y vuelve a tirar para arriba. Pero dale la oportunidad de poder volver a surgir.

Lo mismo hace Dios con nosotros, porque tenemos un Dios clemente y compasivo, lento a la ira y rico en piedad. ¡Mira que hacemos cosas malas en la vida!: nos matamos sin miramientos; dejamos que la gente se muera de hambre; dejamos que haya niños que no queremos que nazcan; dejamos que nuestros mayores se aburran en soledad y aburrimiento e incluso se vayan a la casa del Padre en la más de las absolutas miserias.

Pero Dios siempre vuelve su rostro y su mirada hacia nosotros y nos dice: voy a podarte. Voy a darte otra oportunidad, voy a invitarte otra cuaresma más a que te conviertas y creas que la buena noticia que predica Jesús es la que puede ayudarte a que no nos arranquen de este mundo como si pasaramos desapercibidos. No nos olvidemos que somos el sueño de Dios, hecho realidad en el mundo en el que vivimos.

Dios es paciente con nosotros, porque conoce nuestras debilidades. Es paciente con nosotros porque sabe que no siempre hacemos las cosas como debiéramos ¡qué padre no es paciente con su Hijo que no siempre hace las cosas bien!. La misericordia de Dios es infinita y es la viga maestra que sostiene o tiene que sostener la vida de la iglesia. Los pobres, los más necesitados, están llamados a ser portadores, como el atleta con la llama olímpica, de la misericordia de Dios. Nosotros, ¿somos destinatarios de ella?

 

Hasta la próxima

Paco Mira