MARY, VOLUNTARIA DE LA PARROQUIA CON MOTIVO DE CELEBRAR EN LA EUCARÍSTIA EN EL FIN DE SEMANA (9-10 DE ABRIL) LA OBRA DE MISERICORDÍA:
" VISITAR A LOS PRIVADOS DE LIBERTAD"
NOS HA COMPARTIDO SU VIVENCIA Y LO QUE EN SU VIDA SIGNIFICA ESTE COMPROMISO.
¡MUCHAS GRACIAS, MARY POR HACERNOS LLEGAR DESDE TU SENCILLEZ LO QUE VIVES, GRACIAS POR ESTAR AHÍ PRESENTE EN LOS QUE TE NECESITAN!
EL SERVICIO DE VISITAR A LAS
PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD (P.P.L.)
Quiero partir compartiendo lo que me dicen algunas personas cuando
saben que visito el Centro Penitenciario (C. P).: “¿Por qué vas, no te da miedo?
Siempre les respondo lo mismo: “No sólo
no me da miedo, sino que es uno de los regalos más grandes que me está
haciendo el Padre”.
Es
un regalo, porque comparto parte de mi vida y mi vida de fe con ellas
(personas privadas de libertad). Porque los valores y las emociones que vivo y
experimento en este compartir, de no visitarlas nunca los podría haber vivido.
Porque mientras parte de la sociedad las margina y excluye yo tengo el
privilegio de ponerles rostro y nombres. Porque constato que aun viviendo el
dolor, el sufrimiento, la soledad se palpa, se siente momentos de resurrección
y ellas así lo cuentan: “Aunque
pueda parecer una locura lo que diga, mi resurrección ha surgido cuando he
llegado aquí. Ha sido necesario estar aquí para acercarme a mi familia, para
mirarme por dentro y descubrir lo lejos que estaba de Dios, y por ello, de mis
hijos y de mi familia. Yo tenía un carácter muy rígido e inflexible, sobre
todo, con mis hijos. Me costaba demostrarle mi amor, abrazarles y besarles.
Ahora cuando vienen a verme soy capaz de decirles cuanto les quiero y de
abrazarles y besarles. Nuestra relación ha cambiado, porque yo voy cambiando. Sigo descubrimiento mis defectos e intento
seguir trabajándolos”.
El “Padre” mi presencia en el Centro Penitenciario es como
respuesta a la llamada que Dios ha realizado en mi vida a ese: “váyanse por
ahí” del que nos hablaba A. J. la semana pasada. Por lo tanto, me siento
enviada por Dios y desde la Pastoral Penitenciaria. No es Mari la que va a
visitar, sino que voy en nombre de la Pastoral Penitenciaria (P.P). La P.P. es
la Iglesia sirviendo en el C.P.
Si les digo que
el Centro Penitenciario es Iglesia,
¿Qué piensan? Pues sí, es Iglesia viva
y sufriente. El martes compartiendo con ellas esto me decían: “si es la
Iglesia viva y sufriente pero además y, sobre todo, esperanzada y que ama.
¿Qué está suponiendo en mi vida el compartir con las personas privadas de
libertad?
- El aprender a saber mirar:
tener una mirada amplia, más allá de mi mundo y de mi vida, esto me está
ayudando mucho para poder entender sus valores, sus normas y su estilo de vida.
Y sobre todo, para tirar abajo, todos los falsos esquemas que tenía de ellas:
prejuicios, tópicos, miedos,... para ir descubriendo: que tanto dentro, como
fuera, hay personas que se equivocan, muchas
veces yo la primera, que tanto dentro como fuera hay personas inocentes y
culpables. Por ello, voy aprendiendo
a no juzgar sin conocer y constato que cuando
conoces ya no juzgas, sino acoges. Acogida
que vivo por ellas cada día cuando llego, siempre hay una esperándome en el
patio para darme las buenas tardes, y ese achuchón que siempre nos damos y
subir juntas al aula. Ya desde la llegada y con sus gestos me hacen sentir como
en casa y hacen que me plantee cómo es mi acogida..
- Aprender a saber escuchar:
El “estar” y “hablar” con ellas, me ayuda a entender que a veces la mala
suerte, las circunstancias de la vida, la falta de oportunidades, el estar en
el lugar equivocado en un momento concreto, nos puede torcer la vida. Esto me
hace preguntar,
lo que he oído decir en algún momento al Papa Fco. ¿Por qué ellas y no yo?.
En este
aprender a escuchar me admira lo respetuosas y lo delicadas que son con lo que la otra
persona comparte. Esto ha ido creando un clima de confianza y de cariño (no
sólo conmigo, sino también entre ellas) que las lleva a la transparencia y la sinceridad. La naturalidad con que comparten su vida y
los gestos que se manifiestan entre ellas me ayuda a descubrir cuanto me cuesta
abrirme y me brinda la oportunidad de darme cuenta lo que vale un simple
gesto y cómo les ayuda a hacer más llevadera su vida. Este estar atenta a la
escucha me ayuda a hacer un parón para revisar cómo es mi relación con las
demás personas: ¿soy transparente y sincera?
Yo nunca me había cuestionado que era
“libre” (salir cuando quiera, ir de un lugar para otro, jugar, ponerme a ver la
tele, estar en el ordenador,…) Ni era consciente de lo que es la “libertad”,
pero ahora descubro que cuando nos la
arrebatan, es como si nos faltara la vida. Aun así les he escuchado decir algunas
cuando hablamos que están privadas de libertad, es cierto, pero estando en esa
situación también podemos sentirnos “libres”. Sí, libres para pensar, para
compartir sus vidas, para tener gestos con las demás, y sobre todo para amar e
incluso como alguna me ha comentado para perdonar.
- Estar abierta constantemente
al aprendizaje: Sobre todo cuando éste es de corazón a corazón.
Algunas pinceladas de sus enseñanzas para mi vida: el perdón tanto de las familias como de
ellas y perdonarse (una de ellas me decía nunca podré perdonar a mi familia
porque es la culpable de todo lo que ha pasado en mi vida. Meses después
escucharles decir que equivocada he estado todo este tiempo culpando a los
demás de lo que yo he hecho. Ha pedido perdón y ya les visitan), la acogida y la cercanía (no sólo
conmigo, sino entre ellas y sobre todo cuando llega una chica nueva, algunas
están cercanas para hacerles pasar lo mejor posible los primeros días), el cómo cuidan cada gesto, (algunas de
las chicas están muy medicadas, casi ni hablan y están allí sin hacer nada sentaditas y mirando, pues he visto
como alguna se acerca y le da una broma, la toca e incluso se pone a
molestarla…y ella sonríe.) las miradas
cómplices, ese hombro siempre dispuesto (más de alguna vez cuando he llegado
me ha dicho alguna hoy… no se encuentra bien, cuando esto sucede siempre hay
alguna a su lado y con el hombre dispuesto, cada vez que veo esta imagen me
emociono y me interrogo) su escucha, su
llorar con quien llora, (ellas más que nadie saben de llorar así que se
apoyan en ello y siempre hay alguna dispuesta a escuchar) a veces su silencio, su
oración y relación con el Padre (muchas rezan el Rosario diario; dos
semanas estuvieron un grupito rezando juntas antes de ir a cenar; una nos ha
regalado que nunca se va a la cama sin dar gracias por el día, su familia y lo
que ha vivido y pone siempre el despertador 10`antes para dar gracias a Dios
por el nuevo día: otra nos comparte que ella siempre bendice la mesa en
silencio, las compañeras de mesa, que no son creyentes, no empiezan a comer
hasta que cuando ella termina dicen juntas amén;…Todas estas experiencias interpelan
mi vida y hace que analice cómo es mi entrega a la otra persona y mi relación
con Dios.
- Ser yo misma: Algunas veces les escucho hablar de su: resignación, dolor,
arrepentimiento, tristeza… pero… seguidamente comparten su esperanza y amor aún
sin entender. Las vivencias que cuentan, sus sensaciones…Todo aquello que me transmiten sus miradas, sus lágrimas, y sus
experiencias me habla de sinceridad, de autenticidad, de hablar desde el
corazón. Esto me ayuda a ir descubriendo la importancia de relacionarme desde
la profundidad de mis sentimientos sin tener miedo a ello y sobre todo a ser
auténtica.
Una
de las cosas que me emociona y me maravilla es el cómo, muchas veces, iluminan
sus vidas desde la Palabra. Cuando voy a mi vida descubro que no siempre y ante
todas las situaciones soy capaz de iluminarlas: Comentarios cuando hemos
compartido distintos textos:
1.- También yo me
he sentido como el hombre apaleado y tirado en el camino y, al igual que a él,
en mi vida han habido samaritanos que me sanaron y me recuperaron. Pero también
alguna vez, me he sentido samaritana de alguna de las compañeras.
2.- En mi vida he
estado en los dos lugares: a mí también me han querido apedrear, pero también
yo he querido apedrear. En el primer caso escucho como Jesús me dice: “Tampoco yo te condeno”. El saber que Él
no me juzga, sino que me perdona y ama, me da fuerza para seguir levantándome y
caminando. Y en el segundo oí decir: “La que esté sin pecado que tire la primera
piedra”. Esto me ayuda a ir cambiando de vida y de manera de pensar.
3.- Yo me siento
como el hijo pródigo. He abandonado mi casa buscando un mundo mejor y me he
encontrado con el vacío, la soledad, el sinsentido… Hoy siento que el Padre me
espera con los brazos abiertos y sin pedir explicación, por ello, vuelvo a Él.
Concluir que el visitar el Centro
Penitenciario ha cambiado mi pensamiento, mi mirada, mi corazón, en definitiva
mi vida, radicalmente con las P.P.L.. Por ello, tengo una tarea importante
fuera intentar sensibilizar a las personas con las que comparto la vida, sobre
todo cuando escucho como la sociedad las trata.
Me permito la licencia de invitarnos a que liberemos nuestras
mochilas de prejuicios, tópicos y miedos con las personas privadas de libertad
y que si tienen la oportunidad les acompañen y tiendan puentes entre la vida de
fuera y la de dentro.
Terminar con un relato oriental”: cuenta
que alguien vio una sombra en medio de un bosque y tuvo miedo porque creía que
era un animal peligroso. Se acercó y vio que era un hombre. Se acercó un poco
más y vio que era un hermano”.

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